imagesEra lo peor. Era la cárcel, el hoyo, la inactividad, la inutilidad, la vergüenza…, en definitiva el desprecio del grupo.

 

Así expresábamos, en los juegos,  siendo niños y adolescentes, cuando quedabas fuera del juego, porque tu torpeza o despiste te llevaba a fallar y,  como consecuencia, a no poder seguir jugando: tú te vas al rinche, y allí te quedabas, mirando, pero mirando bajo, sin atreverte a mirar a la cara a los demás del equipo que te fulminaban con ojos de desprecio, hasta que la marimandona o marimandón del grupo decía que ya podías reintegrarte, que habías expiado tu falta.

 

Cuando vas entrando en la madurez, recuerdas aquello con distancia, con superioridad, pero con cierto rencorcillo que nunca muere, porque lo sufrido en la infancia y adolescencia marca, y marca mucho…

 

Pero lo peor llega cuando ya vas saliendo de ese periodo de plena madurez que te ha ido dando seguridad y poderío para actuar, olvidar y vivir plenamente, cuando vas entrando en ese otro periodo de cuesta abajo vital que, no es que la voz de la marimandona te mande al rinche, es que son circunstancias, personas, vivencias y actitudes que lenta, pero inexorablemente te están mandando al rinche sin remedio…

 

243637-rebano-de-ovejas-en-el-rastrojoCarear: acción que realizaban las ovejas sobre un restrojo, es decir, después de ser segado se soltaba sobre éste el rebaño para facilitar después su posterior arado. (Imagen)

 

Carpón: racimillos de uvas pequeños y muy prietos que los vendimiadores dejaban en las cepas por entender que podían dar acidez al vino que se iba a elaborar. Después de la vendimia pasaban las rebuscadoras recogiéndolos, casi siempre mujeres, que luego llevaban a vender a la vinagrera, (fabrica de vinagre) y que, en tiempos de escasez, les proporcionaba unas pocas pesetas.

 

Cascante: persona muy habladora que, casi siempre, contaba lo que debía callar.

 

Caterva: muchas personas juntas sin orden ni concierto.

 

Cenutrio: tontorrón, simple, con pocos conocimientos y sin capacidad de adquirirlos.

 

Cipilicera: regaño, alboroto, conflicto escandaloso entre dos o más personas.

 

Cipotazo: fuerte golpe que se le daba a persona o animal, generalmente con un palo o garrote.

 

Cisco: parecido a cipilicera, quizás con algún grado menos de intensidad. También llamábamos cisco a el material con el que se encendían los braseros, proveniente de los sarmientos quemados con una determinada técnica.

cafayate-campanarioTienen un lugar especial en mi vida, sobre todo las de mi pueblo. Su alegría, su tristeza, su misma indiferencia influían en tu estado de ánimo, en tu alma…

 

Hasta un punto de tu vida, siempre suenan para lo alegre, desde ese mismo punto, empiezan a tañir para lo triste.

 

Con tus pocos años sólamente te llegaba el mensaje de: tocan a la boda, al bautizo, a misa, a vísperas, a la pólvora…, y ahí estabas tú preparándote para la fiesta, cualquier fiesta.

 

Sólo tocaban para todos cuando se tiraban a arrebato tocando a “quema”, ahí el pueblo entero cogía sus cubos a la llamada de la torre y acudía a apagar al lugar que fuera, amigo o enemigo, porque se sabía que eso era cosa nuestra, del pueblo, ninguna ayuda vendría de fuera.

 

Había que ser un gran maestro para hacerlas sonar y transmitir lo que debían: alegría, celebración, llamada, auxilio, lamento, aviso, recordatorio, señal mística, pena, mucha pena, muerte…

 

Yo las sigo oyendo, prestándoles atención, confiando en que tarde un poco el momento en el que empiecen a doblar y sepas que es por ti, que su sonido anunciará a dolientes e indiferentes que te vas al silencio…

ancianaMi madre, aunque suene a tópico, se adelantó a su tiempo. Inteligente, con visión de futuro, guapa. Pudo estudiar y no lo hizo porque tuvo que decidirlo a sus diez años, después de hacer unos cursos de bachillerato con aquellas monjas un poco opresoras, y a su alrededor no hubo nadie que “la obligara” por su bien.

 

Siempre vivió un poco amargada. Nunca le gustó su vida. Soñaba con ciudades lejanas donde ella hubiera podido trabajar, tener otra vida distinta de la que toda su vida vivió en un pueblo chico, rural, con todas las pequeñas miserias que esto conllevaba.

 

Se vio atada a mi padre sin saber cómo, o quizás sabiéndolo muy bien, desde los quince.

 

Todas esas frustraciones fueron útiles para mí. Ella se encargó de que yo estudiara, saliera del pozo de tierra del pueblo, tuviera otros horizontes.Tenía obsesión por enseñarme. Me enseñó a leer muy pronto, a pensar, a ser independiente.

 

Quería a sus hijos por encima de todo, con grandeza, como era ella, pero estaba realmente incapacitada para demostrarlo, nunca quería dejar al descubierto sus emociones, le parecía poco pudoroso, debilidad…, así tuvimos que adivinarla, descubrirla, quizás demasiado tarde.

 

La gente que la conocía la respetaba, la quería, acudía a ella en busca de ayuda y consejo. Era valorada por todos por su sensatez, su inteligencia, sus conocimientos, adquiridos leyendo y escuchando siempre.

 

Creo que nunca la he visto disfrutar con nada. Estaba llena de miedos, de angustias que no le dejaron nunca ser una pizquita feliz.

 

Estoy convencida que, a base de de no querer estar aquí, de no gustarle mucho su vida, ella misma se la fue reduciendo, se la fue acortando y terminó por irse antes de lo debido y querido…

 

sol-jj-grupo-de-gente-al-sol-hopper-1960-ciudad-de-la-pintura1Embarquillarse: coger la madera mala forma por humedad u otra causa.

 

Embazao: estado que surge al darte un viento fuerte en la cara e impedirte respirar.

 

Embozo: parte superior de la sábana encimera que se saca sobre la colcha.

 

Embocao: se dice del vino que tiene un puntito de dulzor.

 

Embucharse: consecuencia de beber agua en exceso.

 

Emburrear: confundir a alguien con mucha palabrería con intención de engañarle y sacar provecho.

 

Empantanar: dejar a alguien o algo plantado sin explicación alguna.

 

Emparranarse: ponerse muy cómodo, sin intención de hacer nada. (Como en la pintura)

 

Enaguarchao: exceso de agua en un guiso o comida que lo hace incomible.

 

Enceniscar: cabrear a alguien, cizañarle…

 

Encerbellao: que ha perdido la razón momentáneamente, que está obsesionado con una idea y se muestra violento.

Jun

8

Elena seis

eleSi alguna vez lees y ves las cosas que te escribo, tienes que saber que ahí, en esa foto, estabas tú, sonriente, optimista, tranquila, esperando siempre lo mejor, y dispuesta para irte de aventura con tu colegio, tres días, a las Ardenas, con tus seis años y tus miles de sonrisas y alegrías.

 

Si es verdad, aquello de que, una persona es de adulto lo bueno que tenía de niño, espero que te lleves a tu madurez tu alegría, tu viveza, tu sentido del humor, tu optimismo, tu buena tranquilidad y, de paso, te lleves también esa adoración que sientes por tu padre, tu héroe… Y una vez superada, como será, esa etapa inevitable, molesta, e incluso dolorosa, de la adolescencia, donde pondrás en cuestión todo lo dicho por él y que ahora te parece la ley a cumplir, sigas a su lado, oyéndole, queriéndole y valorándole.

 

Felicidades, Elena, por tu cumple y porque cada vez son más las cosas que te hacen diferente de los demás. Tú pones empeño en que así sea y lo consigues. Tienes fuerza…

 

May

15

Mi bastidor

bastidor-de-bordarImposible olvidarlo. Marcó un antes y un después en mi vida.

 

A mí, como a tantas otras niñas de mi generación, los Reyes Magos, en uno de sus viajes, me trajeron un bastidor porque escrito estaba: “toda mujer que se precie de serlo, sabrá cocinar, coser y bordar…”

 

Y a ello me puse con empeño. Contaba con una prima soltera de mi madre de la que todos decían que tenía manos primorosas para las labores. La María me fue iniciando en el arte de la aguja y según decía ella, yo bordaba como una verdadera monjita.

 

Pero esta no es la cuestión que quiero recordar. Lo que se quedó grabado en mi cerebro y nunca olvidé. Yo debía tener unos diez o doce años, que precoz siempre fui para el aprendizaje, y, aquel bastidor, a fuerza de usarlo se estropeó. Ya no tensaba la tela como era necesario, ya  no daba gusto oír el clack de la aguja traspasando la tela, ya no servía…

 

Yo sabía que eso tenía arreglo y como es natural volví los ojos a donde siempre lo hacía, a mi madre. Mi madre miró aquello y sin pensárselo me dijo: esto está roto, no tiene arreglo. Yo sabía que comprar otro era harto difícil, eran tiempos de arreglar y no de tirar. Me senté en la escalera del patio, al solecito, triste, pensando, pero decidida a solucionar. Y así fue, solucione aquello y no solo solucione, si no que, a partir de este preciso momento, comprendí que ese era el punto de partida en el que mis problemas eran míos, el momento en el que se iniciaba mi independencia. Solo un pequeño inconveniente, que como empecé tan pronto a solucionar los míos, enseguida tuve que empezar a solucionar muchos ajenos, y ahí sigo…

alvaroHoy hace ocho años. Recuerdo tu salida triunfal al mundo. No podía haber más gente aguardando. Fuiste muy esperado, muy deseado, muy querido…

 

Ya salías mirando alrededor, lanzando preguntas con la mirada, estoy segura…, y, desde entonces, no has dejado de mirar, curiosear, preguntar, moverte sin parar, tanto te mueves que ahora lo que nos planteamos es cómo pararte…

 

Falta muy poco para que los que te rodeamos no sepamos que contestar a tus preguntas, nos pones ya un grado de dificultad, alto, muy alto para tus ocho.

 

Tu progresión en la vida es positiva, es adecuada, das muchas satisfacciones a los que te rodeamos y tú, creo, eres un niño feliz.

 

Vamos a por los nueve, acercándonos ya a esa etapa que todos los padres temen, la adolescencia, esperemos que la pases triunfal,  con el menor sufrimiento posible. Tu abuela va a estar aquí para echarte una mano, siempre…

Hilos-de-agua-cayendo-por-la-ladera-de-la-pendiente-boscosaAparecen cuando menos te lo esperas. Son los hilillos de agua que te anuncian que vas cuesta abajo, que no controlas, que en cualquier momento te estrellas.

 

Por ellos se te empieza a escapar la vida. No se pueden dirigir, el cuerpo ya no tiene energía para mandarlos, para encauzarlos…

 

Puede empezar por los ojos, esas lágrimas que se caen y no expresan ningún dolor, sino vejez. Puede ser el goteo de la nariz que, sin tú sentirlo, te llega al suelo. O la baba por la comisura del labio a la que no sujetas, a la que ni siquiera sientes. O el hilillo más humillante, el que se escapa de tu vejiga, el que te hace necesitar un pañal y un vigilante que lo cambie.

 

Es el río de la vida que se te va, que busca salidas, que abandona un lugar que ya siente frío y poco acogedor, que, en definitiva, ha cumplido el ciclo del agua, el de la vida…

Un día es una vida entera:

 

Naces al alba, vas creciendo lentamente durante el desarrollo de la mañana; alcanzas la plenitud de tu madurez al mediodía, donde tus fuerzas son todas; a media tarde vas sintiendo que declinas suavemente, que la energía te abandona, que la luz va despareciendo. Ya sabes que ha llegado la hora de vestirte para dormir, de poner a mano aquello que puedas necesitar, te invade la angustia de cerrar los ojos sin saber si volverán a abrirse. Oscuridad absoluta, horizontalidad, ruidos sospechosos. Es el final del día, pero tú siempre te duermes esperando la resurrección…