img011220081452685241101Hay un día en tu vida en el que te empiezas a dar cuenta de la importancia del DES.

¡Maldito prefijo!

Denota negación o inversión del significado y nunca antes habías reparado en él porque apenas tenía cabida en tu rutina, pero ahora te levantas y empieza tu retahíla:

  • DEScafeinado para desayunar porque la tensión está alta.
  • DESganado, porque lo que puedes comer no es apetecible.
  • DESmotivado porque ¿a dónde vas?
  • DEScontento, porque el cuerpo que te alberga empieza a ser una ruina.
  • DESacertado, porque ya no haces nada a derechas para los que te rodean.
  • DEScabalgado, de la actualidad y los inventos que te dejan:
  • DESbordado.
  • DESventurado, porque ves como, poco a poco, estorbas.
  • DESgraciado, que viene a ser lo mismo.
  • DESconcertado, porque no te explicas como ha llegado esto a ti, tan pronto.
  • DESatendido, por aquellos que, tú crees, que no deberían hacerlo.
  • DESvelado, porque duermes bastante regular pensando que, en cualquier momento, puedes estar
  • DESahuciado.

Esta, no soy yo, pero lo tengo encima…

Ene

7

Mis reyes

reyes-magos2-300x2111Ya se han pasado los Reyes. Cada año los veo un poquito más viejos, más cansados, más escépticos, más ¿orientales?

Estoy mirando su rastro y, como cada año nada. Este les había escrito que a mi vecina de enfrente, que vive sola y es muy vieja, le trajeran compañía y se llevaran un poco de su soledad, pero ya habían recogido mucho de esto, ya que parece ser que ahora las cartas tienen una clara tendencia a pedir que se lleven, no que dejen. Lo siento Isabel.

Había pedido para el moro que veo desde mi ventana que le funcione mejor el negocio de fruta, pero como se ve que es moro, pues nada que hacer.

También les había insinuado que haber si era posible que la gente que me rodea no me cuente rollos, pero esta misma mañana tomando el café he comprobado que tampoco me lo habían concedido.

Y de lo mío, de lo que de verdad me importa, nada de nada, se ve que es difícil, me han dicho ellos que ya veremos el año que viene, pero yo cada año lo veo peor. No sé…

Cuánto me gustaría que aquellos que me importan aprendieran de mí todo lo que yo ya sé sin necesidad de sufrir las consecuencias de ese aprendizaje.

Cuánto me gustaría que supieran que sonreír, siempre te devuelve sonrisas.

Que el mundo no se mueve por el dinero, sino por la vanidad.

Que tú madre es tu único valor seguro y que no ha vivido lo suficiente para que tú se lo digas.

Que los amigos lo son mientras no falta la cerveza.

Que lo más sencillo es lo más valioso.

Que el tiempo es cera.

Que los afectos se sustentan sobre los intereses.

Que me entendieran aún sin hablar.

Que la soledad es el gran abismo en el que te puedes hundir.

Cuánto me gustaría no estar sola a la hora de irme.

Cuánto me gustaría que los que vienen detrás de mí aprendieran todo y más y cuanto antes, porque realmente tú empiezas a saber cuando empiezas a morirte.

Tienen el sabor de los buenos vinos y decirlas es como paladear un buen caldo hecho en barricas de roble, cuidado con esmero y bebido con cariño. Qué no se pierdan, qué se queden en la Isla de las Palabras para un día volver.

 

Abanto: se aplica a alguien que entra en un lugar buscando, mirando, con cierta inquietud. Se emplea en el lenguaje taurino también, pero aplicado al toro.

Abocinar: perder el equilibrio hacia delante trastabillando

Abrojos: plantas silvestres que crecen entre la siembra, perjudicándola y que tiene pinchos fuertes y duros

Aburrir: es una acepción de la palabra que sólo he oído en mi pueblo. Se refiere a cuando alguien se encuentra un nido con huevos en el campo. Era sabido que si tú lo tocabas, la madre lo aburría, es decir lo abandonaba.

Aguachirle: calificativo que se le daba a una sopa sin sustancia.

Aguaderas o aguaeras: aparejo de esparto que se le ponía al burro para ir a por agua al “prao”. Tenía dos cavidades, una a cada lado del lomo en las que cabía un cántaro.

Ahíto: se le aplica a alguien que está saciado, harto, empachado. Yo la he oído utilizada, aplicada a un bebé que, se supone que como consecuencia de un empacho le salían rojeces en el culito, a estas zonas rojas se le llamaban ahítos.

Albarcas: calzado muy rudimentario hecho de goma de neumáticos viejos y cosido con lañas que usaban los gañanes para ir al campo.

Albarda: aparejo para las caballerías.

Alcagüeses: forma sonora y distinta de decir cacahuetes.

Alcuza: recipiente metálico, antes de hojalata, en el que se ponía el aceite. Hay una frase estupenda: “sacar leche de una alcuza” que viene a decir algo así como sacar provecho de algo que parecía imposible.

Alpea: deformación de apear, bajarse. Entre los chavales se usaba mucho. Cuando el que más mandaba en tu grupo te decía: “alpea de ahí”, vamos que si alpeabas, volabas…

Andurrial: lugar poco recomendable para transitarlo.

Angarillas: 0068169714

sirven para aparejar los animales y cargar sobre sus lomos los fajos de la mies para su acarreo.

Andosco: adjetivo que se le ponía a viejo, hombre viejo, cuando se quería expresar que era un viejo un poco sucio y “sospechoso”

Antier: anteayer

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Es otra. No tiene nada que ver con las demás tristezas. Es tristeza de campanas que doblan, de ánimas que por la noche transitan por los tejados en los días de difuntos. Así nos lo contaban y así debe de ser. Es tristeza de hojas que palidecen, mueren y se caen maltratadas por el viento para que las pisemos sin piedad alguna. Es tristeza de nieblas que se van llevando los soles de los últimos veranillos de San Miguel. Es la tristeza del que coloca los armarios cambiando los zapatos de colorines por los marronazos y negros, con la pregunta muda de si volverás a ponértelos o estarás muerto en primavera. Noviembre es un puente brumoso, metálico y frío que hay que atravesar hasta ver las luces de Navidad. Los amigos empiezan a contarte penas. Se recuerda a los que se fueron. Las caras se ponen pálidas y pierden el colorcito del verano. Todo lo hermoso está lejos en noviembre. Ni Halloween puede con ello, es decir, no es que no pueda, es que le pone el único toque que le faltaba: lo cutresperpéntico.

Oct

12

Buenistas

Últimamente me ha dado por fijarme en los buenistas y en los malistas, afortunadamente, también los hay que no son ni una cosa ni otra, porque si no la vida sería insoportable. Aunque puestos a elegir dame un malista, que se pasa el día alardeando de malo y a poquito que rasques sale un bueno como dios manda.

Hay muchos de los primeros, de los buenistas, no creía yo que tantos. O es que a mí me ha dado por descubrirlos. Se pasan el día lanzándonos mensajes de que ellos son muy buenos, buenísimos, y todo su afán es que los demás lo sepan, viven para parecer buenos, hasta se peinan como los buenos: lloran con las desgracias ajenas, aunque no conozcan al “ajeno” que las sufre; el mundo les parece tan injusto…, pero no hacen ni lo más mínimo por remediarlo; jamás hablan mal del vecino, aunque están deseando; pobrecitos los inmigrantes, pero lejitos de mí; hay qué ver cuanta hambre en Somalia, pero mi cuenta corriente que no mengüe; yo es que soy muy sensible, me conmueve la belleza, me derrito con los niños, lloro en el cine. ¿Pararan algún día de decirnos tantas bondades que atesoran? Se está poniendo de moda. Yo vomito.

img_5056Cocinar es una forma de expresar el amor a tu gente como no hay otra igual. Echar una mañana en la cocina para agradar a los tuyos, ni agradecido ni pagao, puede que ni una frase de cortesía al respecto, pero con eso hay que contar, esa es la gran generosidad: cocinar sin medida y tragar sapos como príncipes.

Pues eso, esta es mi fideuá, platito marinero hecho en la Meseta con cariño, siempre…

  • Una sepia limpita
  • Unos langostinos
  • Gambas
  • Pimiento rojo en tiritas
  • Un tomate maduro
  • Dos ajos
  • Fideos de agujerito
  • Caldo de pescado
  • Perejil
  • Buen aceite de oliva

En el aceite caliente se da una vueltecita a los langostinos y se sacan. En ese mismo aceite se rehoga la sepia hecha trocitos. Se van añadiendo al rehogado el pimiento, el ajo, el tomate, las gambas… Cuando el tomate ha perdido el agua se echan los fideos y se remueven sin parar hasta que estén doraditos. cuando ya están en su punto se añade el caldo de pescado, caliente siempre, es decir, hirviendo. Se machaca un poquito de perejil y también se añade al guiso. Se tiene cociendo unos diez o doce minutos. Tiene que quedar seco. Gran cuestión calcular el agua. Tres minutos antes de apagar se incorporan los langostinos fritos. Se retira y en reposo seis o siete minutos. Para comerla, da igual blanco que tinto, pero que sea bueno.

Se hacen de otras muchas maneras, pero de esta, está buena, la verdad.

Cirigoncia: rodeos, equilibrios, vueltas que se dan para llegar a un objetivo.

Cobertera: tapadera de los pucheros de barro que se ponían a la lumbre.

Cobertor: ropa de cama que no alcanzaba la categoría de manta por estar desgastado o ser de inferior calidad.

Cobetero: persona que fabricaba los “cobetes” en mi pueblo y a los que nunca nadie, durante mi infancia, llamó cohetes.

Condurar: palabra muy usada en mi niñez porque definía como había que alargar la duración de algo: la miel, el chorizo, el chocolate…, que precisamente no abundaban.

Cornejal: trozo pequeño de terreno en el campo. Tenía un tono despectivo por ser demasiado chico.

Correlindes: adjetivo que se les aplicaba a los niños muy pequeños cuando eran muy inquietos.

Coscas: persona hipócrita y poco clara.

Cucurucú (estar de): estar en cuclillas.

Cujón: Cada una de las puntas que forman los colchones antiguos de lana, almohadas, serones, mantas de las mulas, etc.

Currucanero: persona al que tú entregabas una finca en el campo para que te la cultivara o explotara y compartías con él los beneficios a medias.

Cutio: poco lucido, estropeado, tristón…

Siempre he pensado que agosto es un mes para escuchar. Escuchar a tus amigos que se repiten y se repiten, pero no te importa, para eso son amigos; escuchar a tus hijos, siempre que te quieran contar algo, claro; escuchar a tus nietos que siempre te quieren contar algo; escuchar a tus vecinos que te hablan del maldito calor; escucharte a ti mismo para no hacerte caso y, como no, es mes propicio para escuchar, entre calor y siestas la tele, la radio y no dar crédito a lo que oyes:

Periodista de Telecinco, La Noria: “él no se amilanta”, referido a cualquier fulano. Esta señora se supone que mezcla amilanarse y achantarse y ahí está el invento. Ella sigue atropellando la lengua al menor descuido. Fue un buen precursor Jesús Gil, como no recordar lo de ostentóreo…

Reportero que conecta con su cadena y suelta: “aquí estoy, apostillado cerca de la casa de…”, da igual quien.

El number one del momento, Jorge Javier Vázquez, filólogo para más inri, refiriéndose a una conversación que había tenido con alguien y a la que calificaba de “conversación escarpada”, ¿sería escabrosa? Seguro. Escabroso es todo lo que le rodea.

Aquello de “preveyendo” ya no tiene nombre, salta en cualquier tertulia de ilustres periodistas y escritores.

Un hombre del tiempo de Onda Cero dice: “las mareas están muy vivas y eso es sintonía de…” ¿sería síntoma?

Comentarista taurino de la televisión digital que recalca una y otra vez: “el toro tiene un par de lernas“, en alusión a los cuernos que quiere comparar con las leznas.

Expresiones como “departiendo conversación”. No quiero poner todas, me duelen, me falta espacio y me sobra material.

El mes de agosto que viene me dedicaré a hablar, ¡pa lo que hay que oír!

Jul

22

Enfrente

El ejercicio más difícil que tengo que hacer en mi vida es salir de mí y ponerme enfrente y mirarme y verme. Para eso necesito datos. Tú tienes que ir recopilando esos datos, recogiendo mensajes de los que te rodean, tanto lo que te dicen los que te quieren como lo que te dicen los que te detestan. Vas haciendo, lentamente, y lo más objetivamente posible tu retrato; después, sales de tu ego y te sientas a mirarte, tranquilamente, sin prisas. Te puedes quedar tan asombrado como con una foto ¿ese soy yo? Estoy más gordo, más viejo, más…

Naturalmente, si después de hacer esto no te aplicas el necesario photoshop, para pulir los defectos no te ha servido de nada.

Algunos nunca lo hacen, pero debería hacerse como los análisis del colesterol, una vez al año.