Jun

8

Elena nueve

Elena y Ginebra al fondo…

Irradias energía con tus nueve años resplandecientes. Mi familia es de mujeres poderosas, libres, adelantadas a su tiempo. Yo, a ti, te veo así, Elena. Capaz de manejar el timón de tu vida dirigiéndolo siempre hacia buen puerto.

 

Siempre tu mirada está puesta en tu hermano, observando, juzgando, pero sobre todo admirando. Esa admiración te ha llevado a querer ser como él, buena jugadora de fútbol. Yo ahí no te veo. Será consecuencia de los roles aprendidos en mi infancia. A ver si, poquito a poco, te vas dando cuenta de que tú tienes unas capacidades artísticas mucho más relevantes…

 

Todavía los nueve te mantienen atada a la casa. Adoras la familia. La familia, nosotros, te queremos sin límite. Eres nuestra súper Elena y yo, como tú me has bautizado esta temporada, soy tu súper abuela milenaria.

 

¡Felices nueve! En una Bruselas en la que hoy llueve y hay tormentas…

Periodo de cambio ya casi encima. Hasta ahora tu familia era lo importante. A ellos, a nosotros, siempre dices sí. Giro. El no, será ahora para tus padres y el sí incondicional para el grupo. Importante que te acepte el grupo, pero nunca digas sí al grupo si valorar antes la invitación.

 

Qué grande te veo, Álvaro, ya no puedo levantarte cuando vienes corriendo a abrazarme, si no que tengo que anclarme al suelo porque temo que me arrolles con tu ímpetu, con tu fuerza, con tu vitalidad, con tu cariño.

 

Esta primavera te has ido a la nieve con tu colegio, con tus amigos, con tu incertidumbre. Quince días son muchos días. Y ahí te hemos visto, deslizándote con facilidad por las pistas, observando, aprendiendo, sin perder detalle, metáfora de tu deslizarte por la vida.

 

Álvaro, qué lástima llevar en tu nombre una esdrújula con toda su elegancia y sonoridad, para terminar siendo una aguda y gutural, francamente fea…, eso son secuelas de perder, poco a poco, tus raíces.

 

Felices once.

 

Dos días antes de este cumpleaños tuyo, Álvaro, ardió Notre Dame…

 

Jun

8

Elena ocho

Corres que vuelas en el tiempo Elena.

 

Tienes todas las características de las mujeres de mi familia: fortaleza, inteligencia, sensibilidad, ingenio, sensatez, orden mental, habilidad manual. Yo así te veo, aunque sea tu abuela…

 

Te asomas a la vida con decisión y eres valiente ante los retos. Obstinada para conseguirlos. Observadora.

 

Cumplo como abuela. Te veo PERFECTA.

 

 

 

Tú y yo, en Tongres, invierno de 2018, visitando su iglesia. Yo firmando en el libro de visitas y tú, resuelta, preguntando y decidiendo: yo también quiero firmar.

 

Y ahí lo dejaste, sin consultar, sin buscar miradas de aprobación, tu pensamiento, tu decisión: “Soy Elena, yo creo en dios, adiós”

 

Da igual que creas o no creas, Elena, pero siempre, defiende tu idea y plásmala con decisión, como en Tongres, sin dejarte coaccionar por presiones interesadas, o chantajes emocionales…

 

Tendrás tu juego de magia para que puedas cambiar lo que no te guste con un toque de varita.

¡Felices ocho!

Grudos: evidentemente es grumo, pero para nosotros, aquel redondito de harina que no se deshacía en el chocolate era un grudo.

 

Gua: juego de bolas que consistía en introducirlas en un agujero hecho en la tierra. Existía la expresión: “ser más bajito que la sombra un gua”

 

Guachará: caída de una persona al suelo de forma inesperada, espectacular y casi cómica.

 

Gualdrapeao: coser varias telas de forma chapucera para hacer un “apaño” de urgencia.

 

Guarduña: persona tacaña, mezquina, miserable, que nada da y todo lo guarda.

 

Guarrantón: se dice de aquellos que están todo el día en la calle sin tarea útil, holgazaneando.http://garipotaina.com/2016/02/04/general/el-guarranton/

 

Guasona: mujer con mucha guasa, con gracia y desparpajo, que de todo se ríe.

 

Güebra: trabajo en el campo, normalmente ararlo, que te hacía una persona ajena a ti, trabajando tu tierra con sus propias herramientas y que tenía la duración de un día.

 

Guipar: ver a alguien o algo de forma rápida.

 

Güito: sombrero que quiere ser elegante, pero que no llega.

 

Gurrapato: garabato en un cuaderno.

 

Gurruño: revoltijo, revoltero de algún trapo o tela arrugada.

 

Diecisiete de abril. La suerte ha querido que esta fecha que, para mí, siempre hubiera sido triste se haya convertido en fecha de celebración.

 

Es primavera. Cumples diez años. Cambios en tu vida. Ni reparabas antes en tu pelo. Te lo cortaran o te lo dejaran, tú vivías pendiente de otras cosas. Ahora te miras y te miras en el espejo, te lo pones hacia un lado o hacia otro. Presumes. Se avecinan tiempos borrascosos.

 

Muy difícil escribir sobre ti porque la distancia me está impidiendo ver y sentir tus progresos, tus emociones, tus amistades, pero con poco que te vea y te mire es claro que tu inteligencia sigue evolucionando y deslumbrando y que el cariño hacia los tuyos es el motor de tu vida. Pena de raíces que no vas a poder aprovechar…

 

Tu abuela siempre ahí, para quererte, para facilitarte, para enseñarte algunas cositas, para ser puente…

 

Cuando yo quiera, como yo quiera.

 

Eso espero del pronombre reflexivo que, si para algo vale, es para  indicar que la acción se realiza por uno mismo y para uno mismo.

 

Pero, la gente, que tendemos a suavizar, a disfrazar, a disimular penas, piensa que fallecer es más elegante, más ligerito, que te mueres, pero  menos…

 

Tengo muy observado que, si te hablan de alguien lejano que se ha ido, dicen que se ha muerto, cuando te comunican la muerte de un ser querido dicen que ha fallecido.

 

Pero claro, es que si falleces algo ha fallado, tú no lo has elegido mientras que si te mueres es tu decisión, tu última decisión.

 

(Nada que ver con el suicidio. Capítulo aparte)

 

Definitivamente, he decidido que, cuando lo sienta cerca, decidiré morirme y no permitiré mi fallecimiento.

 

 

Sabroso plato, fácil y rápido de cocinar.

 

  • Unos ocho puerros
  • Un trozo de bacalao muy pequeño
  • Una patata también pequeña
  • Cuatro huevos
  • Tres o cuatro ajos
  • Pimentón (del bueno)

 

 

 

Cortamos los puerros, la parte blanca, en trozos pequeños.

 

Pelamos los ajos y los cortamos en láminas gruesas.

 

El bacalao se pone en agua, dos horas antes, en cuadraditos muy pequeños.

 

En una cacerola, con aceite caliente, ponemos los ajos. Una vez dorados se añaden los puerros y se rehogan, lentamente, hasta que no queda agua.

 

Entonces, se añade una cucharadita de pimentón y se dan unas vueltas. Se pone agua caliente, sin exceso, que cubra los puerros.

 

No añadir sal, será suficiente con la del bacalao que se termina de desalar cociendo.

 

Cuando empieza a hervir se añade el bacalao y la patata cortada en trocitos muy pequeños.

 

Después de hervir, lentamente, durante una media hora, o poco más, se echan los huevos, cuatro, se tapa para que cuezan, pero solo el tiempo suficiente para cuajar la clara y que la yema quede relativamente blanda.

 

Exquisito…

Ella era la Constitución. Mi abuela María.

 

Era así: el robusto pilar sobre el que se sostenía la familia. Todos se movían con sus normas nunca escritas, y volviendo la mirada hacia ella cuando había dudas.

 

Mantenía el orden. Solucionaba conflictos. Aconsejaba sabiamente. Sabía tejer un equilibrio de justicia entre los miembros de la familia.

 

Una de sus hijas casó con persona más pudiente, pero ella supo manejar la buena relación entre las hermanas desterrando envidias y sembrando solidaridad.

 

Todos la habíamos reconocido y aprobado porque de su figura emanaba, sensatez, equilibrio, justicia…

 

Funcionaba, y a nadie se nos ocurría decir que, porque fuera vieja, había que acabar con ella. Todo lo contrario, rogábamos cada día para que viviera muchos, muchos años, ya que lo que todos queríamos era vivir en paz, sin conflictos, creciendo, prosperando, tranquilos…

 

La Constitución que nos negó Franco nos la implantó mi abuela sin habérselo propuesto nunca y, mientras ella estuvo aquí, todo fue fácil y armonioso.

 

Manejaba el lenguaje son fluidez, con soltura. Lo hacía con color, con emoción y siempre buscaba el adjetivo con algún matiz que clavaba el significado, diferenciándolo del general. Encantaba oírla. Transmitía y convencía…

 

Recuerdo algunos como estos:

 

Aceo: lo empleaba referido al vino exclusivamente. Si un vino estaba aceo era mucho más que ácido, es que estaba para tirarlo.

 

Amargoso: no era amargo; era con un toque de amargura, pero, vamos, que se podía comer.

 

Balonazo: nada de un golpe fuerte dado a un balón; era una persona extremadamente vaga, que no daba un palo al agua en su vida.

 

Blancuzco: ese blanco que no es de nieve, que amarillea sospechosamente.

 

Pavisosa: pava a más no poder; porque sumaba a ser pava ser sosa.

 

Pelicana: ninguna relación con pelo blanco o rubio muy claro; se lo llamaba a una mujer sucia, desaliñada, zarrapastrosa.

 

Rebajuelo: hombre al que no quería llamar bajito directamente para no ofender y así le ponía un matiz cariñoso.

 

Verdoso: aplicable a un verde indefinido y que cualquiera podía imaginar a su antojo.

 

Al mismo antojo con el que ella utilizaba sus adjetivos…

A veces, muchas veces, en realidad, miras a tu alrededor, miras hacia tus amigos y no puedes dejar de preguntarte: ¿y si estas son las personas equivocadas? ¿Y si he dedicado mi vida y mi energía a mantener unos afectos hacia amistades equivocadas?

 

Una vida dedicada a personas que no son aquellas que hubieran enriquecido tu existencia, que la hubieran llenado de satisfacciones, de afectos, de “vida…”

 

¿Cómo elegiste a estas personas? Pues, ahora que lo piensas, tú nunca elegiste, te vinieron impuestas por circunstancias, por lugar de nacimiento, por estar en un colegio,  por terceros, por intereses absurdos, por trabajo, por emparejamiento…

 

¿Cuándo realmente tú has visto, has conocido a alguien y has decidido: este tiene que ser mi amigo, mi amiga? Ahora que sigo pensándolo, nunca.

 

Y así tu vida, tu entorno, se va llenando de amistades tóxicas, molestas, inquietantes, e incluso peligrosas, de las que nunca ya puedes deshacerte, simplemente tienes que ir aprendiendo a hacerte dura, a capear el temporal, a hacer concesiones, a vivir con cuidadito bajo tu particular paraguas, con prevención, y dejar transcurrir un tiempo que se va deshaciendo en tus frustraciones.