No sé si son peores o mejores que los incendiarios. Da igual, ninguno me gusta cerca. De manipuladoras, la fama la tienen las mujeres. Puede que incluso tenga su explicación, a las mujeres les han enseñando a ir bordeando los caminos, nunca de frente con sus deseos, siempre con disimulos porque ciertas cosas no estaban bien vistas y así han aprendido a, para conseguir sus metas, mover hilos y voluntades usando trochas y senderos, nunca caminos despejados. Quizás por eso, también, las perdonamos más, total, pensamos, lo llevan en los genes, pero cuando topamos con un hombre manipulador, que en honor a la verdad hay que decir que no son muchos, y que la mayoría derivan hacia la política,  es cuando realmente se sabe lo remalas que son esas artimañas que ellos utilizan para desunir, para desacreditar, para minar relaciones, para deteriorar amistades y, curiosamente, no con el fin de lucrarse, sino para brillar más, para mantener sus cortes de vasallos, para inflar su ego, y es que la soberbia masculina no tiene fin…


Deja un comentario