(Ya no contamos en flamenco, toca el francés)

 

Cuatro años. Yo creo que, a partir de cuatro, se podrá negociar contigo, llegar a acuerdos. Ahora, cuando no te interesa el trato nos sueltas tu palabra favorita: “cacota” y ya, se zanja la cuestión. Yo intuyo que serás dialogante, que podremos sentarnos a hablar sobre las cosas, aunque, también presiento que será difícil que des tu brazo a torcer.

 

Así te veo a tus cuatro, peque: graciosa, detallista, tierna y obstinada a la vez, con ojos que investigan, con madera de madre: proteges, arropas, das de comer, curas heridas, a tus innumerables muñecos, claro…

 

Adoras a tu hermano, eres generosa con él, pero al mismo tiempo defiendes tus espacios con fuerza.

 

Recordaré siempre de ti esa frase, que es de lo más bonito que nunca nadie me ha dicho. Desde tus tres años sentenciaste: “abuela, tú hueles muy bien y hablas muy bien”,  y que nadie te ha dictado.

 

Espero que cuando cumplas cinco ya comprenderás porqué la ratita del cuento no dice “bon jour” y distinguirás a los “tirubones” de los tiburones.

 

Y como tú a mí, yo te doy felicidades con abracito de koala.


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