Llevo un tiempo dándome cuenta de que todos llevamos un sheriff dentro. Es lógico, hemos visto tantas películas del oeste, que es imposible estar a salvo de esta influencia. John Wayne ha dejado una huella indeleble en nuestros cimientitos, que nos hace actuar como él mismo lo haría en algunas situaciones: Pum! disparando a los malos y poniendo ley y orden donde sólo hay maldad y ambición. Lo veo cabalgando en muchos sitios: es Yon Vaine, (eso le llamaba mi padre), el encargado de un supermercado que yo frecuento que abate todos los días a unos cuantos empleados malos; un camarero de un bar en el que tomo algo, que saca su rifle y al cliente que no le gusta pum! Alguna dependienta de Zara, faltaría más; tengo algún amigo que también se pone la estrella y dispara; un taxista vengador y justiciero; el cura de algún funeral que arrasa con la pólvora…, ¡en fín! no sigo, sólo es cuestión de pararse a observarlo y vamos ver como en cada solapa de cada ¿español? brilla una estrella.
Hasta los refranes los vamos a tener que cambiar. Según el mail así es la persona. Si tú conocías a tus amigos a medias ahora se retratan del todo según sus envíos. Los tengo de todo tipo: contra Zapatero, ecologistas, nazis, de dios bendito, contra los moros, de mucho miedo (dios mío que me explota el móvil), de mucha risa (hay que me muero de risa), cultos, muy cultos, de gente muy viajada…., pero, ojo, a la hora de reenviarlos no te confundas, que te quedas sin amigos, porque anda que si le mandas el anticlerical el muy de dios, o el zapaterista al nazi, madre mía, qué lío de mails, necesito horas para organizarme y quedar como una reina…
No sé si alguna vez en nuestra cultura mediterránea, bulliciosa, colorista, discutidora, caliente, tendrá cabida el elogio al silencio.
Envidio los bares y restaurantes europeos donde se susurra, se acarician las palabras, donde no se ladra.
Aquí todo se habla in crescendo. A medida que tú subes la voz la va subiendo el contrario y, como una cadena imparable, el que está al lado, y cuando reparas ya todo está reventando decibelios. Si tú quieres hablar bajito no tienes futuro, no reparan en ti, por supuesto, no te escuchan y como remate te ponen alguna etiqueta que diga: mística, finolis…
Eso las voces, pero ¿y las máquinas? Motos que compiten en tubos de escape, coches que paran en lo semáforos con los Chunguitos o los Estopa para que disfrute de ellos la ciudad entera, excavadoras, taladradoras… ¿Y las “teles” de los bares? Imposible enumerar todos los instrumentos de tortura que nos rodean. Dentro de cien años todos sordos.
De las palabras recogidas de mi pueblo, que ya no se usan, pero que es una pena, no puede haber mayor expresividad que cuando lo dices a alguien “alicáncano”…
Aceo: de sabor ácido
Acirate: nada que ver con lo que dice la RAE. En mi pueblo se refiere al alféizar de una ventana
Aforjiñando: haciendo fuerzas
Albirete: tomar decisiones sin sentido
Alcucera: cotilla
Alear: salir de una enfermedad, recuperar las fuerzas perdidas
Alicáncano: bobo, tontorrón, sin sustancia
Amitalar: dejar algo en la mitad de su tamaño
Amolarse: jorobarse, fastidiarse
Amorcar: lo que hacen los toros valiéndose de los cuernos
Andancio: enfermedad poco importante que se contagia
Hay personas que, en todo lo alto de la cabeza, tienen una claraboya. Y por ahí les entra la luz de forma que se desparrama por su cerebro iluminando hasta el rinconcillo más recóndito y lo ven todo claro. Da gusto hablar con ellos porque esta misma luz, además de darles claridad en sus ideas les da fuerza para su voz, de manera que lo gritan alto y claro. No les hace falta escuchar a otro, ¿para qué? Lo saben todo: de política, de economía, de cotilleos, de filosofía… Saben como arreglar las cosas, saben quienes son los culpables de todos los males, sencillamente saben. Es claramente por su luz cenital. Da gusto oírles, da envidia, pero lamentablemente esto es privilegio de unos pocos, ¿quién puede hacerse una claraboya en la cabeza? Esto viene de fábrica.
No sé si los mejores, pero mucho mérito tenemos. Nacimos en un ambiente de postguerra en el que no había de nada, tiempo de silencio, de incultura, de blanco y negro, de NODO. Pasamos de ir al arroyo a lavar con nuestra abuelas, a hablar por el Messenger con nuestros nietos, pasamos también de tener padres a ser papás, nuestro hijos ya eran de colores, nacían mirando a Europa. Y, algo muy difícil, les transmitimos cosas que a nosotros nunca nos transmitieron. Fuimos quitando los artículos determinados que nos daban aire de pueblo, ya no eran la Pepi o la María, nosotros decidimos que lo suyo era Pepa o María. Hemos ido dando pasos cortos, pero que sumados son de gigante. Las mujeres más, avanzamos mucho más. Agarramos el cigarrillo, (en mala hora) y los “tacos” nos igualaban a ellos. Como padres, los mejores padres, y si no mira, ningún hijo se quiere ir de casa. Somos los mejores abuelos, ahí estamos criando nietos con dedicación exclusiva. Hemos saltado un abismo y, aunque se haya dicho muchas veces y ya algunos estén hartos de oírlo, hay que decirlo: somos los mejores, dónde va a parar…
Yo cuando era pequeña me inventé un tío. Desde luego vivía en América, como no podía ser de otra manera, para nosotros todo lo bueno venía de América, incluido Mister Marshall. Aquel tío me solucionaba todos los problemas. Le puse un nombre poco americano, la verdad. Otro día lo diré, mejor dejarle en el anonimato ahora. Yo lo hacía aterrizar en la cañada de mi pueblo, y nadie lo veía, claro, pues anda que no tenía yo recursos para preparar la coartada…. Él traía cosas impensables de ultramar, todas mis amigas querían verlo, se morían por verlo, pero no les fue posible. Mi tío andaba a deshora, siempre tenía prisa, y sus aviones iban y venían a mi antojo sin reparar ni en tiempos ni dineros.
Cómo lo echo de menos ahora, qué vía de escape era, mucho mejor que una varita mágica, estoy por resucitarle y ponerle a trabajar. Nada mejor que un tío así en tiempos de crisis. De todas las crisis. Anda que no le vendría bien uno a Zapatero. Algunas amigas mías de ahora se lo van a creer mejor aún que las de mi infancia. Estoy segura. Puede que lo haga. Puede que le diga: “levántate y anda”.
España está dividida. Siempre tiene que haber dos Españas. Es mejor, porque si no te gusta una te pasas a la otra. Es fácil. A lo nuestro. ¿Cuál de las dos? La Esteban lista, muy lista, lleva once años viviendo de un torero y viviendo bien, porque lo que cobra por vomitar palabruchas y exabruptos contra su torero y demás ganaderías, ya quisiera ganarlo el nigeriano, muy negro él, que habla cuatro idiomas, que es educado y considerado, que utiliza los baños públicos porque no tiene casa y que por no tener no tiene ni mendruguillo de pan que echarse a la boca.
Lo otra es la Campanario, también lista, pescó al torero de la Otra, pero por la iglesia, como Dios manda, es la legítima, la que manda, la que organiza las Ambiciones de todos.
Ahí están las dos, entreteniéndonos las tardes de este eterno y calenturiento agosto.
Todo el mundo las conoce, el que diga que no, miente y quiere ir de “otra cosa”, bueno, creo que todo el mundo no, mi amigo Isidro nunca ha oído hablar de ellas, él me lo ha dicho y yo le creo. Es único.
A mí, por lo menos, se me hace eterno. Es un mes sin vida, todo está parado. Eso sí, sirve para reflexionar, para observar mejor a tus amigos, a tu pareja, a tus vecinos… En agosto tú te sientas y miras. Las cosas que con el ir y venir del año pasan desapercibidas en agosto se agrandan, se dilatan, algo tendrá que ver el calor. La gente se aferra a él con desesperación: hay que hacerlo todo en agosto, viajar, comer distinto, beber mucha cerveza, ver a la familia, bailar en las fiestas del pueblo, ir a las rebajas… Al final es la nada más absoluta. Suerte que enseguida llega septiembre con su fresquito, sus dietas sanas y sus miles de proyectos.
Son de tantas formas y colores…, pero hoy nos vamos a detener en los amigos “que te llevan las cuentas”. Son muy útiles. Sienten pasión por los números. Ellos saben, porque calculan muy bien, lo que ganas, lo que gastas y por consiguiente lo que queda limpio. También echan cuentas sobre lo que te queda para jubilarte, sobre el año que te casaste, cuántas novias ha tenido tu hijo, cuánto hace que no coges vacaciones, sobre las veces que te has puesto un vestido para una boda, yo qué sé, cuentas y cuentas. Y por supuesto llevan bien contabilizados los años que vas cumpliendo, y no se te ocurra quitarte alguno en un arranque de coquetería porque rápidamente saltará ¡seguro, tú tienes cien! Estos amigos son mis favoritos, te ahorran energía y si un amigo es un tesoro, estos por lo menos son dos tesoros.