Mar

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Sol@

Siempre he desconfiado del que no sabe estar solo. De ese que dice que él es super sociable y tiene que estar constantemente rodeado de gente. De esas personas que, como decía mi madre, el techo de su casa no les cogía debajo, si hubiera un derrumbe, claro. Tienen estos sujet@s, pelín de falsedad, pelín, largo,  de vanidad, cierta prepotencia, ideas confusas, vientos variables, inconsistencia, tendencia al cotilleo. Lo digo porque, realmente, conozco vari@s así, porque los sufro, porque cada vez hay más y porque como no puedo, bajo ningún concepto, decírselo a ell@s, pues lo escribo aquí y me quedo tan ancha. Ganarían tanto si conversaran un rato con el hombre que siempre va con ellos…

 ”Converso con el hombre que siempre va conmigo,

quien habla solo espera hablar a Dios un día;

mi soliloquio es plática con este buen amigo

que me enseñó el secreto de la filantropía”

Enchorrilá: hacía alusión a cuando dos o mas puertas, o ventanas establecían una corriente de aire, se decía que estaban enchorrilás.

Endilgar: atribuir algo a alguien era endilgárselo, en un sentido peyorativo, o también encomendarle una tarea que no quería llevar a cabo, porque era desagradable.

Engañifa: engaño o estafa.

Engurruñao: encogido, deslucido, poco vistoso.

Enjaretar: emprender una tarea o trabajo.

Enrraberar: ponerse en disposición de hacer algo, de emprender una tarea. Frase frecuente: “son ya las nueve y todavía no he enrraverao.

Ensiste: claramente debe venir del verbo insistir. Se utilizaba cuando alguien, sobre todo un niño,  te “mareaba” un poco con algún juego o cuestión repetitiva. Se decía “ya estás con el ensiste”.

Ensobacao: aspecto que se mostraba cuando una prenda de vestir era estrecha y parecía subirse hasta los sobacos.

Entalamar: realizar alguna tarea manual con habilidad, rapidez y pocas cosas.

Entrequedente: guerrero, removido, exigente, tiquismiquis. Ser o estar entrequedente. Hay una diferencia. Estar, como siempre, es transitorio, y se achaca a los niños. Ser entrequedente es más de adultos y forma parte de tu personalidad.

Escachifollar: romperse de forma aparatosa y escandalosa.

Escacío: esmirriado, deslucido, extremadamente flaco, famélico.

Escagarruciarse: irse de vareta, hacerse caca.

Escuerzo: escacío.

Esjualdramillar: como escachifollar, pero aplicado a las personas, romperse mil cosas en una caída.

Ya hemos dicho muchas veces que los amigos que tenemos son de muchas clases, y que todos juntos componen el puzzle que nos hace felices. No queremos olvidarnos de estos, porque son importantes y son un buen número: amigos exprimidores. Ellos son los que nos sacan el jugo al máximo. Y tenemos que estarles agradecidos porque si nos sacan el jugo es porque lo tenemos. Cuando suena el teléfono y ves su número automáticamente piensas: algo quiere. Ellos son gente práctica. Tienen su archivo mental de amigos y saben a quien recurrir para que le solucione su problema. No dan nunca puntada sin hilo. Si tú no tienes el remedio para lo suyo, ellos ya saben que tú conoces a alguien que a su vez tiene aquello que él necesita. Jamás te busca o te llama para charlar o para preguntar por ti, aunque educadamente haga una entradilla cariñosa, pero luego ¡a lo suyo! Son, básicamente, gente lista.

A estos también los queremos y no queremos perderlos y, dicho queda, que seguiré encantada en su lista y dispuesta a ser solucionadora de sus problemas y exprimida gustosamente.

img_40301Ahora es el momento de hacer migas. Hace frío y hay que comer platos contundentes que nos den calorías para soportar los hielos.

Ingredientes:

Sería bueno un abuelo o abuela que troceara convenientemente el pan del día anterior, asentadito, y sólo ellos saben hacerlo como nadie, pero teniendo en cuenta que casi todos están en las residencias, compraremos las migas ya cortadas en una panadería, hay máquinas para todo…

Buen chorizo

Costillas de cerdo o magro

Panceta o tocino rayado, que decíamos antes.

No son necesarios todos estos ingredientes para unas migas, hay que tener en cuenta que las migas eran una comida de “aprovechamiento” y de tiempos de escasez, por lo tanto se puede poner o todo o sólo alguna cosa de ellas.

Aceite de oliva.

una cabeza de ajos, que tampoco son lo que eran.

Y buen pimentón de La Vera

Estas tres últimas cosas imprescindibles.

Procedimiento:

Se humedecen las migas con agua sal unas horas antes y se tapan con un paño. Conseguir darle el punto de humedad es el secreto de unas buenas migas. Se consigue con la experiencia.

En el aceite caliente se echan los ajos, separados, sin pelar. Se fríen el chorizo, las costillas, y demás cosas de las que dispongamos. Cuando todo esta fritito, se echa una cucharadita de pimentón e inmediatamente las migas que se revolverán sin parar hasta que vayan cogiendo el colorcillo característico.

Se retiran y colocándolas sobre la mesa, en la misma sartén en la que se han cocinado se comen por el sistema de “cuchará y paso atrás”, acompañadas de un buen tinto y bien calentitas.

Ene

27

Amigos bucle

Hace un tiempo me enteré de lo que era un bucle, (yo siempre lo asociaba a los rizos del pelo), ahora tiene otra acepción la palabra. Son esas imágenes interminables que se repiten en la tele una vez y otra vez mientras los tertulianos de Ana Rosa te van contando las infidelidades de un torero o la boda de la duquesa. Pues bien, me he dado cuenta que hay personas bucle. Todos tenemos algún amigo bucle. Ellos te cuentan siempre lo mismo, da igual que tú digas que eso ya te lo sabes, ellos tienen que terminar. Historias de su infancia, historias de juventud, anécdotas múltiples. Son incansables, siempre te lo cuentan con la misma energía, queriendo impresionarte. Y vaya que te impresionan. Tú siempre vas con miedo a contar algo porque ya sabes que en cuanto digas la palabra universidad surgirá aquella historia, o si mencionas la palabra sarampión él te contará el suyo implacablemente sin dejarte terminar lo tuyo, claro, ahí está la gracia de ser amigo bucle. No se puede luchar contra ellos, simplemente hay que quererlos e irte mentalizando de que a más edad más bucles te adornan.

img_13911Te lo cuentan apenas entiendes, vas creciendo con él y cuando te das cuenta, y reflexionas someramente, comprendes que en tu vida siempre estás rodeado de los siete enanitos, pero es en un viaje organizado donde te acabas de dar cuenta total de eso, porque la convivencia es mucho más intensa, más cercana. En tu grupo organizado están los siete: El Sabio. Siempre pregunta al guía o mejor dicho da datos en forma de pregunta para que todo el mundo sepa lo que sabe y lo viajado que está. El Bonachón, es alegre, todo el tiempo ríe y no ve problemas alrededor. Nuestro Dormilón siempre hace esperar al grupo y se pasa el día somnoliento deseando volver al hotel. Mocoso, todos los virus del país los coge, los demás le cuidan y le escuchan resignadamente, incluso le damos nuestras aspirinas. Al Tímido todos le queremos porque apenas habla y no da el coñazo a diferencia de Sabio. Ahí tenemos a Gruñón, por todo protesta, la comida, el tiempo, el hotel… Podríamos decir que es el malo, pero no, que va, a la menor ocasión surge su corazón de oro y brilla ante el grupo. Y Tontín, mezcla de Tímido y Bonachón, es el más joven y tampoco nos falta nunca. Adorna el grupo.

 

Tú, naturalmente, que eres Blancanieves, terminas de los enanitos hasta la peineta, pero piensas que esto debe ser así, que ese es el cuento, que debe cumplirse,  y que eres la más bella, lejos ya la reina mala y perversa que nunca va a faltar en tu cuento.

img_3509Ingredientes:

  • Muchas ganas de pringar la cocina
  • Un ayudante que te vaya preparando los moldes
  • Un kilo de almendras crudas peladas y molidas
  • Dieciséis huevos
  • Un kilo de azúcar molido
  • Cuatrocientos gramos de margarina flora
  • La ralladura de un limón
  • Y mucho espíritu navideño

Mezclar la almendra, el azúcar y la ralladura del limón

Batir los huevos con la margarina

Mezclarlo todo con la batidora

Rellenar los moldes ( no más de dos centímetros de espesor) y al horno, precalentado, durante diez o doce minutos, a 180 grados

Espolvorearlas, después de sacarlas, con azúcar molido e intentar comerte unas cuantas porque entre las que regalas y las que se van comiendo los que llegan…

Dic

6

Invertir

Toda nuestra vida es inversión. Nuestro caudal para invertir es, esfuerzo, cariño, trabajo, ingenio, dedicación… Invertimos para que nos quieran, para que nos valoren, para que nos admiren, para que nos necesiten. Con esta inversión conseguimos familia, amigos, trabajo…, pilares básicos en los que nos afianzamos para mantenernos, pero ¿son estas inversiones rentables? Claro que esa rentabilidad la mide cada uno, si es que sabe medirla. Sin embargo hay datos objetivos: en los amigos puedes equivocarte invirtiendo, pero el error se puede corregir invirtiendo en otros, en el trabajo sucede lo mismo, el cambio es la solución, pero ¿y en la familia? Ese es el valor en el invertimos sin tino, el resto, el todo, y nunca, nunca obtendrás los oportunos dividendos.

img_3472Hay que decir ya como se hace la liebre estofada porque  ahora es el momento de tener buenas liebres.

Se trocea la liebre y se le pone sal y pimienta negra molida, para que lo vaya cogiendo mientras se prepara lo demás.

Con un poco de aceite de oliva virgen calentado, no mucho, en la olla express se rehoga la liebre ligeramente. Sobre esta, y haciendo hueco en el centro, se echan unos ajos enteros, sin pelar,  una cebolla mediana en trozos pequeños y una hoja de laurel. Cuando la cebolla y los ajos están transparentes se echa un chorrito de vinagre de vino y se le deja unos minutos rehogándose con la liebre. A continuación añadimos una cucharadita de pimentón, si no es bueno, mejor no ponerlo. Un mínimo toquecito de tomillo, sal, medio vasito de agua y se cierra la olla. Se mantiene ésta a fuego muy lento una media hora. Si al abrirla se observa que el agua no se ha consumido bien, se le deja un rato más al fuego lento, tapada pero sin cocer a presión. Una vez retirada y reposada la liebre hacemos lo que ya indicamos anteriormente y tendremos un plato contundente para combatir los rigores del invierno.

Vamos a empezar una sección de recetillas de cocina para que no se pierdan, para que estén ahí, para recordar a mi abu y a mi bisa y, naturalmente, a mi madre, que se las han ido pasando unas a otras, para seguir usando la cuchara, para seguir comiendo como dios manda y por si algún hijo rompe la tradición de pasarlo solo entre mujeres y se lo pasa a otro hijo.

 

 “Judías con liebre”

Que ahora sería liebre con judías, porque es importante el orden: en tiempos de mi abuela, que eran tiempos de escasez, había más judías y menos tajadas de liebre, ahora hay que poner la liebre en su justo lugar.

 

 Ingredientes:

  • fundamental: liebre y buenas judías blancas
  • aceite de oliva
  • una cebolla
  • dos cabezas de ajo pequeñas
  • pimienta negra
  • pimentón
  • vinagre de vino
  • laurel

 

Obviaremos las cosas tan básicas como decir que hay que poner las judías en remojo. Se ponen a cocer en agua fría, si es posible, en olla de barro, a fuego muy lento con sal, ajos y laurel.

Por otra parte se hace el estofado de la liebre y una vez hecho se deshuesa la carne en trocitos pequeños y se junta todo el estofado con las judías a las que se habrá dejado el justo caldo. Se mantiene, lentísimamente, al fuego media hora más. Se retira y se tiene reposando una hora para que esté en su punto.

 ¿Alguien no sabe hacer el estofado? Lo contamos en la próxima.