Jul

10

Árboles

Vivimos tiempos donde los árboles realmente no nos dejan ver el bosque, pero lo bueno es que los árboles los estamos plantando nosotros.

Estamos sembrando de árboles todo lo que rodea la educación,  el maravilloso bosque de la Educación: orientadores miles que cada día nos desorientan más; decretos de convivencia que tienen que llevar a elaborar una carta de convivencia que, humildemente creo que debería ser como la constitución inglesa, nunca escrita y siempre presente y viva;  planes y planes de integración; formaciones de adorno; escritos y proyectos que no nos falten; miles de documentos de evaluación;  mamoneos varios; pero la formación del alumno, la formación con mayúsculas, integral, de profundidad, de maestro antiguo y a la vez actual, con todos los medios tecnológicos, esa, cada vez más floja, cada vez más escasa, con menos tiempo para el alumno,  y es precisamente de esa profunda educación que es el objetivo que estamos perdiendo de vista,  de la que nace  el respeto, el profundo respeto al otro, a lo desconocido que, cuando es alcanzado el CONOCIMIENTO precisamente deja de serlo. Vamos a formar a la gente, a educarla, a instruirla,  todos estos conceptos son necesarios, que de esa EDUCACIÓN surge espontáneamente el respeto por todo lo demás.

Cuando alguien te llama por tu nombre en diminutivo desconfía de él, en un alto porcentaje quiere menospreciarte, hacer que te sientas menos, y si al decirlo pone “tonillo” ya es que abiertamente quiere ofenderte. Parece que su empleo casi siempre debería ir envuelto en el afecto, la cercanía, pero hay un uso del nombre en diminutivo que trasluce afán por querer hacer al otro pequeño hasta sus últimas consecuencias,  que  pone empeño en, sin insultar, hacerte sentir ínfimo, sin importancia. Hay gente maestra en esto y claro, como la forma es tan “cariñosa” nunca podrías quejarte, a ti se te acusaría de mal pensado, pero si observas y piensas podrás recordar a aquel profesor que lo hacía en la clase, tu amigo del alma que en el fondo de ella te quiere, pero no sabe cuanto, tu compañero de trabajo que comparte contigo todo menos el trabajo, y así habría lista sin final. Sólo sacaríamos de la lista a las abuelas, esas son un valor seguro. Siempre he envidiado el nombre de mi amiga Pilar, ahí les falla el diminutivo, aunque los hay perversos y seguro que echarían mano del Mary Pili.

Es lo que tiene el fútbol, de una patada ha hecho que todos queramos ser rojos, que nos reunamos en familia, y que estemos buscando en “los chinos” banderas de España con su correspondiente “torito” para envolvernos a pesar de los cuarenta grados. ¡Quién lo iba a decir! Qué salgan las banderas que hacen a la gente sentirse orgullosas de pertenecer a una colectividad y que hemos tenido guardadas con pudor por recordarnos tiempos en los que esta bandera tapaba todo.
Hace tan poco que aún puedo verlo, la única Roja que podía alardear del nombre era La Pasionaria y no todo el mundo la quería, más bien la quería media España que encima no podía decirlo, a ésta la quiere España entera si dejamos fuera, claro está, al tonto de guardia que no falta, que hubiera preferido que ganara Turquía, y al otro compañero, periférico también, que apostaba por Rusia, pero parece que ciertas cosas se están poniendo en su sitio y ese sitio es de privilegio.

Jun

30

Cacharpas

Suena a lo que significa, se usa siempre en plural, arrastra un ruido de chatarra, platos de aluminio abollados, olor a ropa vieja mil veces puesta y pocas lavada.  Es palabra procedente del quechua kachárpa que significa ‘trebejos, utensilios sin valor’. En el Río de la Plata se usa para designar el conjunto formado por la ropa y enseres personales de los pobres, ‘Cacharpero’ es la persona que vende o negocia con cacharpas.
Hilario Ascasubi (1807-1875), citado por Jorge Luis Borges, la utiliza en este panfleto:

Entretanto en los barriales
de Palermo, amontonaos,
casi todos sin camisa,
estaban sus entrerrianos
como él dice, miserables,
comiendo terneros flacos
y vendiendo las cacharpas,
cacharpas…
 

Me ha fascinado la palabra, eso es sencillamente lo que me ha llevado a ponerla aquí

Capacidad de la mente de transformar lo poco en mucho, lo mediocre en grandioso, lo feo en hermoso, lo aburrido en excitante. Esa capacidad es la que nos hace sobrevivir, impulsar la vida. Y eso se conjuga siempre en pretérito perfecto simple, dando, además, a estas tres palabras su verdadero significado, sobre todo el de simple.
La vida es ensoñación, la vida es un cuando: “cuando yo era niño, cuando yo iba a la escuela, cuando tuve aquel gran amor, cuando los amigos éramos de verdad, cuando yo podía comer de todo, cuando el Corte Inglés funcionaba bien…, un cuando que enlaza con un ahora, un ahora que nunca gusta, que siempre decepciona, que rezuma insatisfacción, pero que mañana mismo lo convertiremos en un cuando.

Me quedaba yo, en mi pupitre de la escuela, incómodo y resbaloso,  horas y horas abstraída pensando aquello: “líneas paralelas son aquellas que por mucho que se prolonguen nunca llegan a encontrarse”. Me atormentaba. No podía comprenderlo porque la palabra nunca me resultaba inabarcable, yo siempre me decía: alguna vez se encontrarán, pero no, ya he comprendido que no, que nunca se encontrarán, y me ha costado algunos años, es lo que tiene vivir, que terminas aprendiendo algo. Líneas paralelas son algunas personas que conviven: parejas, amigos, familia, compañeros, que van siempre juntitas, caminando al compás, compartiendo los días, pero son líneas paralelas, por mucho que se prolonguen sus vidas, nunca llegarán a encontrarse.

Jun

2

Cocinillas

Parece que se está apagando el fuego de los fogones. Acaban los ataques entre sí de los “cocineros artistas”, cocineras las mujeres, pero artistas ellos,  nadie como los hombres para encumbrarse a la gloria.
Nuestra buena cocina se gestó en tiempos de hambre, aguzando el ingenio, cuando solamente había una raspita de bacalao y unas patatas que con unos cominitos y un ajo hacían un guiso bien sabroso;  un poco de pan duro y cosillas de la matanza, para unas migas; unos pollos en el corral y una caza que había que aprovechar en su momento. Aquello si que era arte: dar de comer a una caterva, que hubiera para todos, que costara poco y que estuviera bueno.
Así podíamos ir dando la vuelta a una gastronomía que no ha sido superada sino sólo modificada y estropeada en muchos casos, con experimentos tan crueles como ponerle mermelada de pera a un estofado de perdiz.
Esta cocina que hoy es la admiración y el deleite de los que nos visitan, la pusieron en marcha aquellas abuelas nuestras que con los huevos de sus gallinitas, las patatas de la huerta de su vecina y el buen aceite del molino de su pueblo hacían una tortilla que no se merece los atentados que ha sufrido para llegar a su deconstrucción. ¿Seguid avanzando en la cocina?, quien duda que hay que hacerlo, pero, por favor, lo que funciona no lo toquéis, dejad la tortilla en paz, y los platos, redondos y bien llenos.

Cada mayo, con las lluvias, con las tormentas, llega San Isidro y de la mano del Santo, los toros, con su polémica, con su remolino de pasiones: Manuel Vincent con su columna demoledora antitaurina que, por otra parte no llega a demoler nada. Sanchez Dragó que le hace un quite por faroles con solvencia y autoridad. Eso es: polémica, pasión, emoción, eternidad, arte…Se podrían argumentar tantas cosas a favor como tantas en contra, pero nadie a estas alturas quiere convencer a nadie. En esta tradición tenemos hundidas parte de nuestras raíces y mal que nos pese cuando oímos un pasodoble evocamos siempre retazos de infancia, olores de fiesta, trajes nuevos y muchos colores.

May

18

CIAO

Tú ya no estás en la onda si al despedirte no dices chao. Qué gran capacidad tenemos para apropiarnos de las palabras. La hemos tomado ¿de los italianos o de los argentinos? Es lo mismo, ahí está, es dinámica, exótica, juvenil, y cortita, que eso facilita la cuestión. Las palabras nos retratan, nos esconden, nos delatan, nos dan brillo y muchas sombras. Quienes tienen la capacidad de poderlas elegir, porque tienen muchas, triunfan,  a los que les faltan se les desprecia un poco. Son, precisamente, a los que les sobran los que nos mandan. Si, además, las envolvemos en engañosas melodías o en entonaciones dulces son armas disuasorias y convincentes, si las ponemos fuerza, armas eficaces y si las envolvemos en maravillosa ironía, armas letales. Pues ya sabemos, de momento y, hasta que vengan otras modas, a decir chao,  y por supuesto, a despedirnos con besitos.

Es un buen momento para agregar a nuestro diccionario unas cuantas palabras que agonizan y que quiero que, ya que no se utilizan mucho en la actualidad, salgan al ciberespacio y alguien las reconozca y las haga suyas. Esta vez toca con la E
Embirriagar: perder el color blanco alguna prenda, y adquirir otros colores poco limpios
Empelajarse: agarrarse en una pelea y sacudirse fuerte.
Encapirotarse: subirse a lo más alto, de un tejado, de una escalera, incluso de unos zapatos de tacón altísimo.
Esparavel: excesivamente delgado.
Esperengues: gestos exagerados ante una situación de desagrado, normalmente.
Expolicar: dejarle a uno sin blanca. Estoy expolicao
Es:  no me queda ni una perra gorda.