Oct

15

Zapatero

Yo tengo unas zapatillas sólo para estar en los hospitales. Es importante ponerte siempre las mismas y sólo para eso, y tienen que ser leves y bonitas. En los hospitales hay que andar en silencio y casi sin plantar, puesto que el suelo ya está plantado de cosillas sueltas. Tengo otros zapatos exclusivamente para caminar, para caminar quemando malas energías que sobran en el cuerpo, éstos tienen que ser fuertes y dispuestos a enfrentarse hasta con las malas hierbas. Ellos te llevan solos. Tengo mis “merceditas”, son fijaciones de mi infancia, cómodos y recordándote cosas a cada momento. Ellos saben mucho de mí. Mis tacones también están ahí. Ellos son los que te elevan, te ponen un punto por encima de las demás, te transforman y te balancean en las alturas. Con ellos te lo crees. Y los que más me gustan y, al mismo tiempo, más me inquietan, y cada vez uso con más frecuencia, son mis zapatos rojos, los que me pongo cuando tengo que andar con pies de plomo.

Me fascinaban. Cuando yo tenía como ocho años, ¿es posible tener un número de años de un solo dígito? No sé. Pues yo veía en nuestras ciudades turísticas, eso, viejos que, en autocares verdes y rojos, venían de Alemania, de Francia, de no se sabe donde, unos viejos que eran de colores, que tenían pantalón corto clarito, pelos rubios bien amarillitos, flores en las faldas, piernas y sandalillas al aire, y yo abría ojos como platos para empaparme de aquello, porque yo, después volvía a mi pueblo y allí estaban: la tía Petra, el tío Eugenio, la Eladia, todos, grises, con pañuelos bien anudados,  todos negros y una gotita blancos, como el NODO, eso era la tristeza, la España postguerrera, la melancolía…, pero mira que ahora, principalmente, veo yo en eso que hemos ido a más: nuestro viejos ya empiezan a ser de colores.

Sep

25

Cuerpos

Hay  momentos en tu vida en los que tu cuerpo empieza a enseñarte donde están realmente situados  sus componentes interiores, aquellos que has visto en dibujos, en radiografías, a los que te refieres como algo tuyo pero no mucho, algo lejano que sabes que tienes, algo que no afecta a tu vida diaria. Tú controlas tus piernas, tus ojos, la periferia, pero un día hay un punto justo al final del esternón que te dice que allí está tu estómago y que te avisa, como sabe, que es con dolor, de que allí pasa algo, otro día un dolor en la cara avisa de  que ahí habita un nervio que se llama trigémino y que te va a hacer la vida imposible, que tu cara no es sólo lo que te devuelve el espejito diario. Es lo que tiene el cuerpo, te da clases magistrales de  anatomía.

Sep

8

El Noveno

El noveno es septiembre. Del latín, september, por ser el séptimo mes en el antiguo calendario romano que comenzaba el año en marzo. Todo se centra en septiembre. Vuelve el orden. Volvemos a encontrar cada cosa donde estaba y eso da seguridad: ahí está tu trabajo, tus compañeros, el camarero que te pone el café como a ti te gusta nada más verte entrar por la puerta, tu vecina que ha vuelto del Caribe y sigue con sus mismos soniquetes. Se acabó la aventura del verano, las deshoras, la vista del mar que prometía mucho, pero que nunca cumple, las comidas desordenadas y diluidas en mucha cerveza. El noveno es dorado, es apacible, transparente, limpio, es como una madre que te acoge después de la resaca, que te pone en limpio, serena tus pensamientos y te deja dispuesto a seguir en la brega, a seguir en la lucha…, es septiembre.

Ha sido hoy mismo, no estaba prestando demasiada atención a la radio,  pero de pronto digo: a este pedante lo he oído antes. Y claro era ÉL, él pontifica, él tiene quince mil libros, que seguro no ha leído o de esos quince mil trece mil quinientos ochenta relatan la grandeza de ser catalán, él sabe seis idiomas, que aquí si que yo he prestado la máxima atención porque claro, me he dicho: pues mira sabe otras lenguas, puede otear la vida desde otra perspectiva que no sea el Montserrat, pero él sabe, atención, catalán, of course; castellano, a su pesar; gallego; portugués; francés porque están ahí, paisso catalans; ¿italiano? habría que verlo, y ahora está ¡aprendiendo inglés! a ver si lo consigue y puede entenderse con algunos que no estén en el Próximo Mediterráneo.
El personaje saca un poco de quicio, pero no porque se le hayan hecho campañas duras en contra, él lo consigue solito. Él es en si mismo un bloque, que no es capaz de dar un titular ingenioso a la periodista que se lo pone a huevo; además, es grandilocuente, un poco “cura” y cansino, siempre con el mismo soniquete, y si no escuchadlo, escuchadlo…, yo no puedo con ÉL.

Ago

19

El Octavo

Ese es el mes de agosto, en el que la vida normal se paraliza en seco, en el que en los lugares de ocio y vacaciones se hace el aire irrespirable. El correo electrónico se queda mudo, piensas que ya no tienes amigos, que todos se han olvidado de ti. Tu móvil calla y tu lo miras por si acaso es que lo tienes en “reunión”.  Vas a comprar pensando en la ganga y te das cuenta que a donde entras más que ofertas encuentras restos mortales. Te deprimes. Esos zapatos que necesitas ahora, ya no están allí, sólo aquello que nadie quiere, que está manoseado y lacio, y como alternativa los zapatos marrones, negros “avance de temporada” que vienen a deprimirte más por el color y por el precio. Y piensas: ya queda poco, asoma septiembre, con fresquito, con nuevos planes, con gente retornante y con alguna crisis que dicen que hay.

Ago

14

Masa

Básicamente somos de tres clases: los que siempre están perpetrando algo malo, pocos afortunadamente; los que por el contrario dirigen sus pensamientos y su energía a hacer el bien a los demás, estos son unos poquitos más, y luego estamos los que ni fu ni fa, que somos millones. Sin los primeros no brillarían los segundos y gracias a los primeros y a los segundos nos entretenemos la masa.

El mar es la vida, es la idea, es la belleza, es lo inabarcable, es el sueño, la lejanía tentadora, es la libertad, pero cuando viene a besar la tierra se hace obsceno: es lo sucio, es la gente hacinada, el ruido, el cemento, es el plástico, es el sudor, es el hedor: es la playa…

I

Horas eternas, horas vacías,
se van pasando, se llevan vida.
Mar de tristeza, el agua bate
contra las rocas de la impotencia.
Recuerdos dulces, cuántas vivencias,
pero el presente los emborrona
con su presencia.
 II

Caminante absurdo
por caminos muertos
arrastras tu sombra
sobre algún desierto,
con andar cansino,
con dolor divino,
en penar tardío
de alguna promesa
de amarga y eterna
peregrinación.
 

 

 

Para ir completando el diccionario agonizante, unas cuantas palabras más que ya sólo siguen utilizando los viejos del lugar. Con la C
Caldoso: ser caldoso o dar calda.  Persona guerrera, temosa, cansina… (nada que ver con el caldo)
Callantruna: mujer que habla poco, pero guarda un cierto fondo de maldad para actuar.
Castaña: de ningún modo nos referimos al fruto, sino a la garrafa, de media o una arroba,  donde, habitualmente, teníamos el vino.
Castro: juego infantil, más de niñas que de niños, que en otras zonas llaman truque.
Censo: persona que vale para poco, y anda todo el día desocupada.
Ciscapela: regaño, alboroto.
Correlindes: aplicado a los niños pequeños que no paran un momento.
Chambra: camisilla de poca consistencia que se empleaba para dormir.
Chisclarse: comerse algo sin dejar nada para los demás.