ÁFRICA

Es el relato con el que Teresa ha ganado un premio. Enhorabuena.                                                  

                              Teresa Martín Gómez

Pensé que volvería pronto. En mi pueblo, aún hoy, creen que a mi regreso todo serán regalos y buenas noticias. -El que consigue llegar se hace rico y trae la abundancia a su familia –decían. Todos conocíamos a alguien que había ganado dinero en Europa y a su regreso, era aclamado como un héroe. Soy la mayor de tres hermanas, debido a la ausencia de varones mi padre y mi tío decidieron que yo viajaría. Hicieron grandes esfuerzos, pidieron muchos favores y entregaron uno de sus cerdos; así conseguí un sitio en la embarcación que me traería a España.  La noche en que abandoné mi tierra no pude mirar hacia delante, tenía los ojos clavados en el paisaje que me había visto crecer, en la playa de mi niñez, en mi pueblo al que la oscuridad iba engullendo rápidamente. Todavía hay muchas noches en las que sueño con mi llegada a la costa española, el rescate y los gritos de los que perdimos. Hubiera sido mejor perecer entonces.  Yo sobreviví. Llegué a la tierra prometida, a la abundancia, al progreso. ¡Qué ironía!. Llevo ya diez años en España y vivo en este destierro cubierta de asco y vergüenza.  -África -Les digo a los clientes mientras rutinariamente desabrocho mi blusa. Me bauticé así en honor a mis orígenes, con la esperanza de regresar algún día y dejar aquí la rabia y la vergüenza. -África, como mi tierra –repito mientras sueño que este cliente sea el último y quede, por fin, saldada mi deuda. 

La Mampena

Hasta que no tuve unos cuantos años no comprendí que la Mampena que tanto me había aterrorizado de pequeña era “el alma en pena”. Era el cuento que, cayendo en un masoquismo cierto, le pedía a mi abuelo que me contara una y otra vez. Aún recuerdo a mi abuelo con su gorrilla gris y su blusa haciendo juego sin pretenderlo, su infinita paciencia para repetir cuentos, porque él, sin duda, sabía que esto,  junto con dar religiosamente la paga del domingo, hace que se recuerde a un buen abuelo. Nos sentábamos a la lumbre del invierno, sin prisa, entonces no existía,  y mientras asábamos patatas en el rescoldo, conmigo en sus rodillas, y yo mirándole sin perder ripio,  al tiempo que sacaba su tabaco y su librillo, como el abuelo de Víctor Manuel, me contaba que por la noche, en la iglesia, cuando ya todas las buenas gentes dormían después de duro trabajo, bajaba la Mampena, arrastrando cadenas y recorriendo la penumbra se iba bebiendo con deleite el aceite de las lámparas que, tenuemente, mantenían la iglesia lejos de la total oscuridad. ¡Qué miedo! Yo era incapaz de poner cara a ese ser, para mí blanquecino, difuso, perverso. Menos mal que el cuento acababa cuando los mozos del pueblo, valientes, “atrepaos”, hartos de las incursiones de la maldita Mampena, salían a su captura, y cómo no, acababan con ella, y arrastrándola con un soga por el medio de las calles del pueblo la ponían a la vista de todas las buenas gentes que ya desde entonces volvieron a dormir noches tranquilas.

Ellos las prefieren muertas

Si hubiera cuatro muertos por terrorismo en el mínimo tiempo en el se han producido estos cuatro asesinatos de mujeres, mañana mismo sacaban a la calle a la ciudadanía para manifestar su horror y su repulsa, pero esto está asumido. Cuatro mujeres más, sí, ¡que horror!, pero la cosa sigue. Las matan por diversos motivos pero todos confluyen en el  mismo: tienen la osadía de oponerse al poder del macho que gobierna la tribu. ¡Qué cosas pasan ahora! Dice mi vecina, Son estos tiempos que vivimos que están muy revueltos, sigue diciendo ella. No, no señora, no son los tiempos que están revueltos. Antes había la misma tiranía machista, pero la mujer no tenía la fuerza que da la independencia económica para oponerse a ella y callaba y sufría y la pegaba su marido, pero ¿para qué la iba a matar si la tenía allí, sumisa? La muerte llega cuando ella se rebela y quiere liberarse. Eso no lo puede consentir el orgullo del macho, el que deja siempre debe ser él. Él decide. Él mata. Y seguirá matando, con leyes y sin leyes sobre la cuestión, porque hay un oscuro fondo donde todo se diluye entre ellos, porque hay una opinión que, antes en voz alta y ahora bajito, dice: “algo habría hecho”.


 

Palabras

Dentro de esta GARIPOTAINA que a ninguna regla quiere someterse, vamos a conocer algunas palabras que yo oía en mi infancia, que hoy están en desuso, pero que tienen el sabor del pasado y las resonancias de voces importantes de nuestra Literatura.
Es simplemente un puñadito de palabras que han quedado en mi memoria, de oírselas a mi madre, a mi abuela, que hemos repetido jugando en las calles de nuestro pueblo, que estaban en el habla de nuestra gente cuando yo era chica, y las cosas de chica ahí están, como grabadas a fuego en tu memoria, unidas de las primeras vivencias de la infancia, a las meriendas de pan y chocolate, a aquella primera escuela  de mucha madera y a los charcos de la calle que de tan chicos que éramos nos parecían el mar.
A
Anqueta: estar de media anqueta; sentarse de forma incómoda.
Apontocar: volcar demasiado deprisa un líquido cuando lo estabas cambiando de envase.
Arripápanos: adornos desmesurados al arreglarse una persona. Podríamos poner algún ejemplo de famosa.
Atrepao: persona que no ve el peligro.
B
Balón: vago; mucho más expresivo si delante se le pone cacho.; ¡cacho balón!
Baque (echar un): pelearse dos chicos para saber quién era el más fuerte.
Buces: lavarse a buces la cara cogiendo agua en el hueco de las manos juntas.
Burricáncano: cegato, que ve poco.
Y poquito a poco vamos a ir haciendo un palabrario…

Instrucciones

¡Qué pereza! Cuando te enfrentas a un cuadernillo de instrucciones lo primero: ¿dónde está el español? Y como suele estar el último, por las prisas terminas leyéndolo en italiano. Angustia, genera angustia, ¿lo haré bien? ¿me cargaré el cacharro? ¿le podré sacar el mejor partido? Qué me lo lea alguien y me lo resuma. Y la corriente, dios mío ¿la tendré a 125 todavía? Por un momento lo dudas, sudas, enchufas y te esperas lo peor, no, no explota. Y luego la letra, ¿por qué tan pequeña? ¿quién puede leer eso? Ni con gafas de cerca. Para una plancha, para un exprimidor, pero…¿y si es un microondas? Mejor lo tiro.

Elecciones 2008

Cuando se ha vivido en sombras durante muchos años, cuando, en ese entonces,  se acallaban las voces de los discrepantes y reinaba el silencio, cuando el camino a seguir era exclusivamente uno, chico y no libre, no puedes nunca llegar a pensar que el alboroto de unas elecciones próximas pueda molestar a alguien, que las voces mitineras hieran los oídos de nadie, que los carteles de las grandes  y forzadas sonrisas molesten. Unas elecciones democráticas son siempre una fiesta, son una nueva oportunidad para que los que no tienen foros hablen y pongan y quiten. Es, verdaderamente, una fiesta, y como tal fiesta hay que recibirla y disfrutarla cada uno desde su ventana.

Decíamos ayer (en inglés)

Cuando alguien como yo tiene un blog  y una buena mañana entra a ver las estadísticas de sus visitas y descubre con emoción que alguien desde Los Ángeles ha estado patinando por tus escritos, buscando no sé sabe que cosa que ha escrito en Google, pues no te queda más remedio que escribir esto en inglés y volver a emocionarte y pensar que fascinante aventura es esta de Internet que permite que mi GARIPOTAINA esté al alcance de cualquier persona, de cualquier lengua, de cualquier condición, de cualquier lugar del mundo de cuyo nombre quiero acordarme.

Fascinante

When somebody like me has a blog and one morning decides to browse the statistics of the website to find unexpectedly that someone from Los Angeles has been sliding by its pages trying to find something he or she has typed in Google, there is nothing you can do but writing this few English sentences and feeling again touched when thinking how fascinating is this Internet adventure that allows my GARIPOTAINA to be within reach of any person, any language, any condition, any place of the world whose name I do not care to recall.

Memoria

En un tiempo muy valorada, pasó a despreciarse como algo que no había que cultivar demasiado, ya que era importante en la escuela de postguerra, y había que terminar con todo lo que sonara a tintero, mapa mudo, leche en polvo, y en este pack metimos la memoria. Tremendo error, gran ejercicio era aprender nombres de ríos y cordilleras, de reyes y pueblos. ¿Por qué cultivar sólo entendimiento en detrimento de memoria? Ambos a la par, ambos de la mano. Pero pendulear es lo nuestro, ahora al este, ahora al oeste.
La memoria es fundamental para el brillo social: el que tiene memoria triunfa con sus chistes, que siempre tiene a mano, con sus relatos, con sus conocimientos sobre un tema general, gana hasta al trivial. Y no digamos nada del que se saca unas oposiciones a base de eso, de memoria.
Tiene otra vertiente la memoria: el rencor y el agradecimiento. No existe el rencor, no existe el agradecimiento, ambos son memoria, cuanta más tienes más sientes.
Fundamental también para fijar nuestras raíces, para estimular nuestra imaginación tirando de recuerdos.
¿Tendrá que ver algo esta dejación de la memoria con que cada vez hay mas casos de Alzheimer?
Memoria, entendimiento y voluntad, a mi me enseñaron que estas eran las tres facultades del alma, y yo, de todo, me acuerdo.
 

No me toquéis los dichos

Andar a la greña
Es armar discusión, contienda, pelea.

Las greñas, masa de cabellos revuelta y mal compuesta. De aquí, andar a la greña que alude a las riñas y peleas, sobre todo, entre mujeres, porque al pelo se dirigen éstas para hacer presa cuando regañan; pero no se sabe por qué extraña razón, esta expresión se ha convertido en andar a la gresca, seguramente porque tiene así un sentido de más fácil compresión para la mayoría de los usuarios de la lengua. Es muy utilizada por periodistas de prensa del ¿corazón?, puesto que se mueven en un mundillo donde a la greña andan, y donde los profesionales del medio de la greña viven, y a los que sacándoles de greña o gresca  pedirles exquisitez en el lenguaje es tarea vana.

No toquéis, pues, los dichos, porque bien está quien está en el candelero y quedaría inestable en el candelabro.

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