Esperanza I

Es un poema de Pilar para que los demás lo disfruten:

Necesito un amanecer
sin golpes bruscos,
una suave luz que me conduzca
de puntillas hasta el sol,
un día que baile el ritmo
de las mariposas,
que recorriendo néctares
colorean sus alas delicadas.

Necesito el púrpura-anaranjado
de un atardecer
que nunca alcance,
que sea un cielo insondable
de paisajes el que vea.

Necesito encontrar la puerta abierta,
cuando la noche llegue
sacarle brillo a las estrellas
y dormir acurrucado después
en la sonrisa de la luna.

Necesito que la luna tenga
regazo para todos,
que el alba se vuelva terciopelo
y el crepúsculo nos sorprenda
preparados para el sueño.
Pilar Rodríguez Fernández

El poema de María

Vereda quieta,
camino largo,
entre la jara fantaseando.
Qué viene el río
tras la arboleda.
Llanto bravío.
Viniendo tarda,
llegando espera.
Cuánta espumita
sobre la arena.
Son de mañana
que suena y suena.
Hacia la tarde
ya se serena.
Ya se nos duerme.
Entre los chopos lloriqueando,
siente que siente.

María

Los poemas de mis amigos

Los versos nacen, absolutos, de la ausencia
de la soledad que vomita letras
en busca de compañía.
El vacío de lo oscuro es un poema
en si mismo.
En instantes que no dejan
mas que un rastro de luz.
Este poema no es una fila de versos,
es un abismo,
una puerta a la nada.
Un ateísmo absoluto al color.
Porque al principio y al final
todo vuelve a ser oscuro.
Como la ausencia,
como la nada,
Como el todo.
Teresa Martín Gómez