Resolver

Para los cubanos es un verbo fundamental. Se levantan y salen a la calle a resolver: la comida, el vestido, la salud…, ellos se solucionan lo más importante de la vida, cuando esta vida se ha convertido en lucha por la supervivencia. Es muy afortunada, dicen ellas, las cubanas, la mujer que encuentra un marido “que resuelve”. Y si te pones a pensar, en eso consiste esencialmente la vida, en “ir resolviendo”, resolviendo problemas,  y con esta medida te valoran. El tramo importante, la madurez, lo dedicas a resolver lo tuyo, lo de tus hijos, lo de tus padres y hasta lo de algún vecino desvalido, pero cuando las fuerzas te sientan en un sillón y la cabeza se adormila esperando la mano que te de la medicina, que te resuelva, cuando dejas de conjugar el verbo y a lo más lo sueñes en un futuro imperfecto, has llegado al final del camino. Y afortunado serás si alguien te resuelve algo.

La mesilla de noche

Según se va poblando tu mesilla de noche así va tu vida. Cuando tu edad apenas alcanza un cuarto del transcurrir, tu dicha mesilla está desierta y apenas la miras antes de dormirte, pero a medida que tus años entran en las cifras restables y ocultables aquello empieza a quedarse chico: primero es un vaso de agua al que tienes que acudir durante la noche, después los mandos de la “tele”, más tarde una radio por si te despiertas demasiado temprano y te quieres distraer, y ya, el colmo, y síntoma final, una medicina, después dos medicinas y así cuentas y cuentas…, y si el propietario es devoto las cuentas y cuentas pueden ser hasta de un rosario.

Sinceridad

Se les ve venir. Por malos caminos, claro. Son aquellos ¿amigos? que blandiendo el argumento de que ellos son tan sinceros…, te machacan, te agreden, y están deseando decirte lo mal que te ven,  aunque bien es verdad que, a veces, dicen entre medias, quizás conscientes de su malicia, “pero en cambio tienes otra cosa buena”, que luego si analizas no suele ser tan buena. Esto es la sinceridad. Cuántas tropelías se cometen en su nombre y en cambio cuando la pedimos, cuando se necesita, no está nunca.
Y siempre te quedas con las ganas de decir: pero, vamos a ver, a ti quien te ha pedido que seas sincero.
Lo tengo dicho: contra sinceridad delicadeza.

Negrito Light

Mira que yo quería que ganara Obama, pero nada más que lo he visto, me ha vuelto aquella parte rebelde de la infancia que me ponía de parte de los indios en las películas, y empiezo a ver a Obama como un Negrito Light, inconsistente, nieto de abuelita rica, con familia que parece de atrezzo, con lágrimas de glicerina, y abatible como tartita de chocolate. Ya, de haber ganado, y haber convertido la White House en Black House, qué buena falta hacía, por lo menos, que  hubiera sido alguien con la planta de Kunta Kinte.

Dios verdadero

Yo, desde que sé que Maradona es dios, vivo mucho mas tranquila. Donde va a parar, del dios de la túnica y las barbas con el triángulo en la cabeza, todo el día amenazando con el infierno, a éste con pantalón cortito y camiseta de rayas azulitas, que va y viene a Cuba, que engorda y adelgaza a nuestra imagen y semejanza… Este dios no te la puede liar de ninguna manera. Además del otro decíamos: el padre es dios, el hijo es dios, y el espíritu santo es dios, demasiadas divinidades. Y ahora, nada, sólo Maradona es Dios.  Y además me han dicho que tiene un amigo al que le sobra el petróleo, y eso, ahora mismo, es una garantía para seguir siendo Dios.

Masa

Básicamente somos de tres clases: los que siempre están perpetrando algo malo, pocos afortunadamente; los que por el contrario dirigen sus pensamientos y su energía a hacer el bien a los demás, estos son unos poquitos más, y luego estamos los que ni fu ni fa, que somos millones. Sin los primeros no brillarían los segundos y gracias a los primeros y a los segundos nos entretenemos la masa.

Diminutivo

Cuando alguien te llama por tu nombre en diminutivo desconfía de él, en un alto porcentaje quiere menospreciarte, hacer que te sientas menos, y si al decirlo pone “tonillo” ya es que abiertamente quiere ofenderte. Parece que su empleo casi siempre debería ir envuelto en el afecto, la cercanía, pero hay un uso del nombre en diminutivo que trasluce afán por querer hacer al otro pequeño hasta sus últimas consecuencias,  que  pone empeño en, sin insultar, hacerte sentir ínfimo, sin importancia. Hay gente maestra en esto y claro, como la forma es tan “cariñosa” nunca podrías quejarte, a ti se te acusaría de mal pensado, pero si observas y piensas podrás recordar a aquel profesor que lo hacía en la clase, tu amigo del alma que en el fondo de ella te quiere, pero no sabe cuanto, tu compañero de trabajo que comparte contigo todo menos el trabajo, y así habría lista sin final. Sólo sacaríamos de la lista a las abuelas, esas son un valor seguro. Siempre he envidiado el nombre de mi amiga Pilar, ahí les falla el diminutivo, aunque los hay perversos y seguro que echarían mano del Mary Pili.

La Roja

Es lo que tiene el fútbol, de una patada ha hecho que todos queramos ser rojos, que nos reunamos en familia, y que estemos buscando en “los chinos” banderas de España con su correspondiente “torito” para envolvernos a pesar de los cuarenta grados. ¡Quién lo iba a decir! Qué salgan las banderas que hacen a la gente sentirse orgullosas de pertenecer a una colectividad y que hemos tenido guardadas con pudor por recordarnos tiempos en los que esta bandera tapaba todo.
Hace tan poco que aún puedo verlo, la única Roja que podía alardear del nombre era La Pasionaria y no todo el mundo la quería, más bien la quería media España que encima no podía decirlo, a ésta la quiere España entera si dejamos fuera, claro está, al tonto de guardia que no falta, que hubiera preferido que ganara Turquía, y al otro compañero, periférico también, que apostaba por Rusia, pero parece que ciertas cosas se están poniendo en su sitio y ese sitio es de privilegio.

Cuando todo era perfecto

Capacidad de la mente de transformar lo poco en mucho, lo mediocre en grandioso, lo feo en hermoso, lo aburrido en excitante. Esa capacidad es la que nos hace sobrevivir, impulsar la vida. Y eso se conjuga siempre en pretérito perfecto simple, dando, además, a estas tres palabras su verdadero significado, sobre todo el de simple.
La vida es ensoñación, la vida es un cuando: “cuando yo era niño, cuando yo iba a la escuela, cuando tuve aquel gran amor, cuando los amigos éramos de verdad, cuando yo podía comer de todo, cuando el Corte Inglés funcionaba bien…, un cuando que enlaza con un ahora, un ahora que nunca gusta, que siempre decepciona, que rezuma insatisfacción, pero que mañana mismo lo convertiremos en un cuando.

Líneas paralelas

Me quedaba yo, en mi pupitre de la escuela, incómodo y resbaloso,  horas y horas abstraída pensando aquello: “líneas paralelas son aquellas que por mucho que se prolonguen nunca llegan a encontrarse”. Me atormentaba. No podía comprenderlo porque la palabra nunca me resultaba inabarcable, yo siempre me decía: alguna vez se encontrarán, pero no, ya he comprendido que no, que nunca se encontrarán, y me ha costado algunos años, es lo que tiene vivir, que terminas aprendiendo algo. Líneas paralelas son algunas personas que conviven: parejas, amigos, familia, compañeros, que van siempre juntitas, caminando al compás, compartiendo los días, pero son líneas paralelas, por mucho que se prolonguen sus vidas, nunca llegarán a encontrarse.

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