Qué largo para ti, que cuentas “los días para”, qué corto para mí que ya descuento “los días de…”

 

Nueve años, y alguno menos de destierro. Aún añoras tu pueblo, tu país. Sueñas y repasas los días que pasas aquí. Tus raíces todavía te quieren arrastrar a tu sitio, pero no en mucho tiempo sentirás que tu sitio está allí: donde juegas, donde ríes, donde lloras, donde sueñas, donde tus amigos van atando cuerdas a tus sentimientos.

 

Último año en el que tu edad se mide con un solo número, a partir del que viene tendrá dos y, ojalá que algún día lejano la representes con tres.

 

Creces a lo grande: en altura, en saber, en fuerza, en cariño, en sentido de la justicia…

 

Ahí te pongo, con tu mirada profunda, mirada de tomarte muy en serio lo que realmente importa y de reírte de todo lo demás.

 

Y con tu padre, sosteniéndote siempre para que alcances la cima, sosteniéndote hasta que vayas aprendiendo a lograrla tú, hasta que tú llegues solo a lo más alto.


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