Cada vez lo oigo más a menudo y cada vez que lo oigo me asusta un poco: que todos los políticos son iguales, que todos los políticos son corruptos, que todos los políticos son inútiles. Ciertamente, ahora mismo, lo que puedes ver y escuchar, que viene de los más altos ,roza la mediocridad, no se puede discutir, pero, realmente, la gente que desprecia y habla mal de la clase política en general, que quiere mantener una distancia con ella, no es la mejor, no se ven a si mismos. La condición humana de los políticos es la misma que la del  que trabaja en un hospital y se lleva lo que puede, que la del que defrauda a hacienda, que la del funcionario que trabaja cien días al año, que la que del que resuelve sus problemas en los teléfonos de su empresa, se podrían decir miles de ejemplos poco ejemplares de cómo todos llevamos dentro un pequeño ladroncillo y, por otra parte, ¿qué propugnan estos tan disconformes y vociferantes? ¿una dictadura? No veo otra alternativa y eso es lo que me preocupa, que todos los “clarividentes” no son demócratas y cada vez hay más que, lo que yo creo, es que esperan un mesías y los que hemos vivido con un mesías cuarenta años no queremos ni acordarnos.


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