Palabritas con la CHE

Pronunciar las palatales da mucho gusto porque siempre parece que se saborean, que se degustan las palabras, implica cierto juego y divertimento. El mejor ejemplo chupa-chup.

 Chambergo: prenda de abrigo indefinible, quizás vieja y poco adaptada al cuerpo.

 Chambra: blusilla muy ligera que se usaba para dormir.

 Chapatal: charco con barrillo un poco sucio.

 Charrabís: con chis, y se cierra algo simbólicamente a cal y canto.

 Charro: se refiere a algo, normalmente prenda de vestir, que ostenta muchos colores y muy vivos.

 Chaveta: uno de los innumerables nombres que se dan a cabeza.

 Chicharrazo: golpe muy fuerte que te propina otro en la cabeza.

 Chichiribaile: persona de poca enjundia, de poca apariencia física.

 Chichirigaña: herida que te haces en la cabeza o la cara.

Manipuladores

No sé si son peores o mejores que los incendiarios. Da igual, ninguno me gusta cerca. De manipuladoras, la fama la tienen las mujeres. Puede que incluso tenga su explicación, a las mujeres les han enseñando a ir bordeando los caminos, nunca de frente con sus deseos, siempre con disimulos porque ciertas cosas no estaban bien vistas y así han aprendido a, para conseguir sus metas, mover hilos y voluntades usando trochas y senderos, nunca caminos despejados. Quizás por eso, también, las perdonamos más, total, pensamos, lo llevan en los genes, pero cuando topamos con un hombre manipulador, que en honor a la verdad hay que decir que no son muchos, y que la mayoría derivan hacia la política,  es cuando realmente se sabe lo remalas que son esas artimañas que ellos utilizan para desunir, para desacreditar, para minar relaciones, para deteriorar amistades y, curiosamente, no con el fin de lucrarse, sino para brillar más, para mantener sus cortes de vasallos, para inflar su ego, y es que la soberbia masculina no tiene fin…

Incendiari@s

Hay gente que nace con una carga genética considerable de pirómano. La ciencia debería dedicar más tiempo y presupuesto a descubrir, aislar  y destruir el gen este que es el culpable de males sin cuento. Estos que digo, llegan a cualquier lugar, de trabajo, de ocio, de familia, de amistad y se dedican a ir prendiendo pequeños fuegos entre los que componen estos grupos. Empiezan poquito a poco, señalan cosas que no funcionan, según ellos, claro, después señalan culpables, después piden guillotinas para ellos, van sembrando una cizaña sobre la que se supone que ellos van a crecer, y hasta incluso a veces lo hacen, medran entre sus malas babas, pero, es cierto, que también he visto, casi siempre, que el crecimiento ha sido efímero, estos elementos suelen diluirse entre las mismas miserias de las que emergieron.

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Madrastra

Si existe algún valor seguro en tu vida, ese es tu madre. Nunca te va a fallar, nunca te va a pedir cuentas, siempre te perdona y te ofrece una nueva oportunidad. Siempre da, nunca pide. Todo está escrito sobre ella. Pero tenemos otra madre, eso dicen, que es la madre Naturaleza y ésta, por lo que sea, de vez en cuando monta en cólera y destruye a sus hijos, arrasa, es implacable, no se le pueden pedir cuentas, no se le pueden hacer chantajes emocionales, se convierte en madrastra por alguna extraña razón y nos arrasa, nos aniquila con saña y nos hace ver su poder y nuestra miseria. Trazamos caminos, levantamos torres, nos sentimos importantes construyendo y maquinando grandezas, y en sesenta segundos nos ponen en nuestro sitio, en el sitio que corresponde a los usurpadores, y eso sólo lo puede hacer nuestra madre, eso sí, convertida en madrastra.