Problemas

Ahí están. La vida es ir resolviéndolos. Pero bien es cierto que uno de los puntos de vista desde el que podemos dividir a los que nos rodean es ese: los problemas. Hay criaturas que se dedican a buscar y plantear problemas y en el otro extremo tenemos esas otras criaturas que resuelven con eficacia y si es posible sin estruendos. ¿Cuáles abundan más? Pues después de observar durante un número considerable de años a los que me rodean tengo que decir sin ningún género de dudas que son más los primeros. Porque, además, y como es de suponer, esto va en proporción directa con la inteligencia, con la bondad, con la generosidad, con el optimismo: a más capacidad de resolución, más de todo lo dicho. Pero, ¿quién puede elegir? Ni en trabajo, ni en familia, ni en amigos, ni en vecinos…, no podemos seleccionar. Sólo elegimos, antes una, ahora varias veces en nuestra vida y somos tan torpes que podemos equivocarnos.

Rutinita

Seguir la ruta ya trazada, eso es la rutina. Deslizarse. No desviarse. Repetir. Que nada falle. Que nada te sorprenda. Es aburrido, pero es tranquilidad. Estos son exactamente los dos aspectos: aburrimiento y tranquilidad. En la primera mitad de tu vida te levantas pidiendo que la rutina cambie, que surja la aventura, que algo te sorprenda…, en la otra mitad, la mitad del sosiego, lo que tú deseas es justo que no se rompa, que el discurrir de cada día sea apacible y por la rutita de la rutina. ¿Dónde esta esa frontera entre las dos partes? Ese es el gran misterio de la vida.

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LA

Es en una de las cosas en las que se advierte avance. Aquel día que suprimimos el la nos sentimos supermodernos. Como si nos quitáramos el pelo de la dehesa Mis amigas eran la Mary Carmen, la Sole, la Beatriz…Quitamos el artículo y dimos esplendor a los nombres. Ya éramos como los de Madrid. Al principio nos costaba decirlo, nos sentíamos muy finos, excesivamente finos, pero duró poco, enseguida lo asumimos y lo incorporamos al habla pueblerino. Eso pasó en los sesenta, cuando estábamos inventando todo, cuando por delante sólo veíamos grandes expectativas. Pero fíjate que ahora, en ese afán que tenemos por recuperar aperos de labranza, cachivaches de cocina de leña, palabras en desuso y viejas costumbres que nos parecen baluartes, pues estamos recuperando el “la”, pero ya con esa suficiencia que nos da saber que es ¿incorrecto? pero que hemos decidido usarlo porque es como adornar y hacer más exclusivo ese nombre que queremos hacer tan cercano.

 

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