Pedazos de vida atrapados en el papel. Recuerdos gratos, ingratos. Personas que no están, pero en ellas permanecen. Miradas que nos hablan desde el blanco y negro. Raíces. Amarras. Tenemos montones. Revueltas, bien clasificaditas en un álbum, esparcidas por los muebles de la casa, enviándonos mensajes desde los portarretratos de plata o desde las paredes. Nunca me había dado cuenta de lo importantes que son esas fotos en nuestras vidas hasta que he reparado en que las personas que lo han perdido todo en un desastre: un incendio, un derrumbe, una inundación, una de las cosas que primero mencionan entre sus lágrimas es que han perdido todas sus fotografías, como si con esta pérdida se hubiera borrado el rastro de sus vidas y les costara trabajo reconocerse y encontrarse, como si de todo lo vivido nada quedara que diera fe de que nosotros somos realmente nosotros.
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