Ya no es lo que era. La gente de ahora puede pasar sin pan, de hecho pasa sin pan, es más se quita el pan de su dieta a poco que tenga cien gramos más en su peso de lo aconsejado por la moda. Hay que volver la vista atrás para ver lo importante que era en nuestras vidas. Había que ganarse el pan y si era con el sudor de la frente mejor ¿Cómo pensar en una comida en la que no hubiera pan? Tarea diaria de las mujeres era salir a comprarlo, excusa perfecta para echar la parrafadita con las convecinas. La frase ¡ha subido el pan! hacía presagiar grandes desgracias económicas. Si el pan se caía al suelo, al recogerlo, había que besarlo y ponerlo cuidadosamente sobre la mesa. Ser más bueno que el pan significaba ser lo más de las buenas personas. De hecho, lo que pedíamos rezando a todas horas era “el pan nuestro de cada día dánosle hoy”. Infundía respeto absoluto. Era manjar divino. Sucesor del maná. Sigamos pidiendo que no nos falte. Por lo menos con mantequilla.
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