La cruz

En algún momento de nuestras vidas hay que coger una cruz y subir a un calvario. Está escrito. Unas veces la coges tú y tiras cuesta arriba sorteando romanos, mujeres piadosas, cirineos y toda la parafernalia que debe rodear una buena cruz. Tú llegas al monte, te crucificas y te quedas tan a gusto, porque para eso has elegido tu cruz. Lo peor es cuando la crucecita te sale al camino por el que tú vas bailando como Judy Garland en el Mago de Oz y ¡zas! alguien te la cuelga a la espalda, te empuja, te da latigazos, te bebes la hiel que te ofrece, sudas, te preguntas por qué tú, aunque sigues y sigues hasta llegar arriba, pero eso sí, una vez arriba yo recomiendo lo siguiente: no te crucifiques, no es tu cruz, coge al que te la ha puesto sobre el hombro y sin dudarlo un momento ¡crucíficalo! y bájate del monte, si es posible, por el camino del Mago de Oz, es decir, cantando como Dorothy Gale: there is no place like home…

El pan

Ya no es lo que era. La gente de ahora puede pasar sin pan, de hecho pasa sin pan, es más se quita el pan de su dieta a poco que tenga cien gramos más en su peso de lo aconsejado por la moda. Hay que volver la vista atrás para ver lo importante que era en nuestras vidas. Había que ganarse el pan y si era con el sudor de la frente mejor ¿Cómo pensar en una comida en la que no hubiera pan? Tarea diaria de las mujeres era salir a comprarlo, excusa perfecta para echar la parrafadita con las convecinas. La frase ¡ha subido el pan! hacía presagiar grandes desgracias económicas. Si el pan se caía al suelo, al recogerlo, había que besarlo y ponerlo cuidadosamente sobre la mesa. Ser más bueno que el pan significaba ser lo más de las buenas personas. De hecho, lo que pedíamos rezando a todas horas era “el pan nuestro de cada día dánosle hoy”. Infundía respeto absoluto. Era manjar divino. Sucesor del maná. Sigamos pidiendo que no nos falte. Por lo menos con mantequilla.

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Cositas que me gustan

Me gustan los amigos de la infancia. Te evitan fingir. Ya saben quien eres. Me gusta el cristal porque nada oculta, muestra lo que hay detrás, hasta el café lo prefiero en vaso. Me gustan los toros. Es el único espectáculo donde todo es de verdad, donde nadie finge, donde uno puede morir y otro siempre muere. Me gusta conversar con niños  y ancianos. Dicen la verdad. Los niños dicen lo que piensan por inocencia, los ancianos porque ya a ninguna norma quieren someterse, se lían la manta a la cabeza y lo dicen tal cual. Me gusta el agua, es transparente. La seda, acaricia sin ocultar. En definitiva, me gusta lo que no miente. La verdad en todas sus dimensiones.

El sheriff

Llevo un tiempo dándome cuenta de que todos llevamos un sheriff dentro. Es lógico, hemos visto tantas películas del oeste, que es imposible estar a salvo de esta influencia. John Wayne ha dejado una huella indeleble en nuestros cimientitos, que nos hace actuar como él mismo lo haría en algunas situaciones: Pum! disparando a los malos y poniendo ley y orden donde sólo hay maldad y ambición. Lo veo cabalgando en muchos sitios: es Yon Vaine, (eso le llamaba mi padre), el encargado de un supermercado que yo frecuento que abate todos los días a unos cuantos empleados malos; un camarero de un bar en el que tomo algo, que saca su rifle y al cliente que no le gusta pum! Alguna dependienta de Zara, faltaría más; tengo algún amigo que también se pone la estrella y dispara; un taxista vengador y justiciero; el cura de algún funeral que arrasa con la pólvora…, ¡en fín! no sigo, sólo es cuestión de pararse a observarlo y vamos ver como en cada solapa de cada ¿español? brilla una estrella.

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Dime que mails mandas y te diré quien eres

Hasta los refranes los vamos a tener que cambiar. Según el mail así es la persona. Si tú conocías a tus amigos a medias ahora se retratan del todo según sus envíos. Los tengo de todo tipo: contra Zapatero, ecologistas, nazis, de dios bendito, contra los moros, de mucho miedo (dios mío que me explota el móvil), de mucha risa (hay que me muero de risa), cultos, muy cultos, de gente muy viajada…., pero, ojo, a la hora de reenviarlos no te confundas, que te quedas sin amigos, porque anda que si le mandas el anticlerical el muy de dios, o el zapaterista al nazi, madre mía, qué lío de mails, necesito horas para organizarme y quedar como una reina…