¿La Campanario o la Esteban?

España está dividida. Siempre tiene que haber dos Españas. Es mejor, porque si no te gusta una te pasas a la otra. Es fácil. A lo nuestro. ¿Cuál de las dos? La Esteban lista, muy lista, lleva once años viviendo de un torero y viviendo bien, porque lo que cobra por vomitar palabruchas y exabruptos contra su torero y demás ganaderías, ya quisiera ganarlo el nigeriano, muy negro él, que habla cuatro idiomas, que es educado y considerado, que utiliza los baños públicos porque no tiene casa y que por no tener no tiene ni mendruguillo de pan que echarse a la boca.
Lo otra es la Campanario, también lista, pescó al torero de la Otra, pero por la iglesia, como Dios manda, es la legítima, la que manda, la que organiza las Ambiciones de todos.
Ahí están las dos, entreteniéndonos las tardes de este eterno y calenturiento agosto.
Todo el mundo las conoce, el que diga que no, miente y quiere ir de “otra cosa”, bueno, creo que todo el mundo no, mi amigo Isidro nunca ha oído hablar de ellas, él me lo ha dicho y yo le creo. Es único.

Eterno agosto

A mí, por lo menos, se me hace eterno. Es un mes sin vida, todo está parado. Eso sí, sirve para reflexionar, para observar mejor a tus amigos, a tu pareja, a tus vecinos… En agosto tú te sientas y miras. Las cosas que con el ir y venir del año pasan desapercibidas en agosto se agrandan, se dilatan, algo tendrá que ver el calor. La gente se aferra a él con desesperación: hay que hacerlo todo en agosto, viajar, comer distinto, beber mucha cerveza, ver a la familia, bailar en las fiestas del pueblo, ir a las rebajas… Al final es la nada más absoluta. Suerte que enseguida llega septiembre con su fresquito, sus dietas sanas y sus miles de proyectos.

Los amigos que te llevan las cuentas

Son de tantas formas y colores…, pero hoy nos vamos a detener en los amigos “que te llevan las cuentas”. Son muy útiles. Sienten pasión por los números. Ellos saben, porque calculan muy bien, lo que ganas, lo que gastas y por consiguiente lo que queda limpio. También echan cuentas sobre lo que te queda para jubilarte, sobre el año que te casaste, cuántas novias ha tenido tu hijo, cuánto hace que no coges vacaciones, sobre las veces que te has puesto un vestido para una boda, yo qué sé, cuentas y cuentas. Y por supuesto llevan bien contabilizados los años que vas cumpliendo, y no se te ocurra quitarte alguno en un arranque de coquetería porque rápidamente saltará ¡seguro, tú tienes cien!  Estos amigos son mis favoritos, te ahorran energía y si un amigo es un tesoro, estos por lo menos son dos tesoros.

¿Qué?

Cuando veo una foto de alguien que ya no está, es fácil ver lo que exteriormente se quedó aprisionado para siempre. Estoy viendo a mi madre, guapa porque realmente lo era, endomingada, con su mejor vestido para la foto, pulcra, con un reloj en su muñeca que entonces estaba de moda, sus zapatos topolino, su sonrisa forzada para la posteridad, pero ¿qué había en su pensamiento, qué ilusión, qué esperanza, qué futuro vislumbraba? Tenía dieciocho. Daría algo muy importante, muy valioso para mí, por saber que estaba pensando. A ver si van inventando ya las cámaras maravillosas que atrapen el pensamiento.