Las dulcineas

Conozco a varias, o quizás a muchas, es cuestión de verlo despacito, porque incluso algunas que no parecen serlo, si rascas un poquito, aparece la dama.

Son mujeres que necesitan un caballero a su lado, en su vida, alguien que les libre del dragón, que de la cara por ellas y si es posible que se la partan porque así serían más caballeros ellos y más dulcineas ellas, ¡donde va a parar!, alguien que deshaga sus entuertos, que les suelte loas en el momento preciso, y que lanza en ristre vaya abriendo sus caminos y limpiándolos de gigantes amenazadores.

Es una pena, porque algunas de estas dulcineas son muy válidas, ellas solitas podría manejar la lanza, pero es mucho más dulce cobijarse bajo la sombra del escudo de su caballero y entretenerse en sacarle brillo.

Abuel@s

Están en ascenso: crían nietos, ayudan a pagar hipotecas, viajan y llenan hoteles en temporadas bajas. Es una marca que vende: las patatas del abuelo, la fabada de la abuela, el espetec de toda la vida. Anda que el abuelete de la coca-cola no mola. Yo tengo una amiga que lleva escrita su parrafada en un cuaderno, en el bolso y en horas bajas lo saca, lo lee y tira palante; pero no nos engañemos, los abuelos valen mientras sirven. Los abuelos ya no cuentan cuentos, porque claro, con ese aspecto que tienen a los sesenta lo suyo no es contar cuentos sino hacer Pilates; ya no dan consejos, ¿quién está para escuchar monsergas? Ya no se sientan mano sobre mano, como la mujer del escribano, y proyectan esa sombra de paciencia y paz que nos cobijaba a los niños de mi entonces. Los abuelos llevan la misma carrera enloquecida que todo su entorno y, cuando esa carrera se para es porque no sirven. Su sitio ya no está en el sillón al calorcito de la mesa camilla, ni en la sillita baja, al solecito de su puerta en otoño, su sitio es amplio y triste, su sitio es una residencia estupenda, limpia, con jardines y poseída por la infinita Soledad.

Palabritas que se van perdiendo

Para añadir a nuestro diccionario pueblerino, con la P:

Papo: nada que ver con el significado que da la RAE, aquí ser un cacho papo define a una persona simplona, bobalicona y fácil para ser engañada. Se dice más referido a mujeres, (de todos es sabido que somos más tontas…)

Patabuche: se aplica sobre todo a una sopa de fideos muy espesa: “esta sopa está como patabuche”, quiere decir que si dicho buche metiera una pata se quedaría atascado sin poder sacarla. (Doy por hecho que todo el mundo sabe que buche es un burro joven)

Pecerolo: persona sumamente torpe.

Pelicana: contrariamente a definir a una persona de pelo cano, en este pueblo, vaya usted a saber por qué, define a alguien de aspecto sucio, desharrapado, pero siempre mujer.

Pendengue: coger el pendengue es emprender la marcha de forma rápida y repentina hacia algún sitio, caminando.

Purrela: los restos, lo que no quiere nadie, de baja calidad.