Es una frase que repetía a menudo mi abuela. Y mi abuela era lista, muy lista. Nunca aprendió a leer y escribir, pero en cambio su cabeza funcionaba como una calculadora, hacía cuentas que asombraban a los más leídos del lugar que siempre remataban el asombro diciendo: María, si a ti te hubieran dado estudios por lo menos ministra. Yo estoy convencida de eso. Mi abuela hubiera llegado a lo más alto. La frase en cuestión la oía yo como un soniquete, pero poco a poco fue ganando significado para mí y evitándome mucho sufrimiento, muchos lamentos y mucha ahorro de energía. La tengo como uno de mis diez mandamientos particulares. Me la repito en el momento antes de empezar algún llanto y funciona. Bien es verdad que con ella me viene a la memoria también la apostilla que le ponía mi abuelo por lo bajini: “pero no más que Franco”. Afortunadamente, éste ya no está porque puede que mi abuelo tuviera razón.
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