De la luz, es la ciudad de la luz, en cambio está nublado la mayor parte del año, sus colores son grises y negros, las calles están llenas de personas que visten de negro, quizás con glamour, pero de negro y gris. El acento de sus gentes es gutural, como de permanente ahogo. Las estaciones del metro son sucias, en obra perpetua, oscuras, sospechosas de algo. Sus camareros son taciturnos, antipáticos, pero es el paraíso sentarte en un café, en la calle, entre los grises y los negros, los malhumorados y los taciturnos, pero con un chocolate que sí tiene luz…, y además, hay luz en sus museos, en el orgullo con que exponen sus banderas, en la amplitud de sus calles, en la belleza de sus edificios, en sus parques, hay luz hasta en el mismo nombre: París, sin duda, suena a luz.
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