París…

De la luz, es la ciudad de la luz, en cambio está nublado la mayor parte del año, sus colores son grises y negros, las calles están llenas de personas que visten de negro, quizás con glamour, pero de negro y gris. El acento de sus gentes es gutural, como de permanente ahogo. Las estaciones del metro son sucias, en obra perpetua, oscuras, sospechosas de algo. Sus camareros son taciturnos, antipáticos, pero es el paraíso sentarte en un café, en la calle, entre los grises y los negros, los malhumorados y los taciturnos, pero con un chocolate que sí tiene luz…, y además, hay luz en sus museos, en el orgullo con que exponen sus banderas, en la amplitud de sus calles, en la belleza de sus edificios, en sus parques, hay luz hasta en el mismo nombre: París, sin duda, suena a luz.

Elcortinglés

Me da calor, me anima en horas bajas, me canta la navidad, me dice, por si no me he dado cuenta, cuando llega la primavera, me llena la vista de colores, me prepara buenos aparcamientos para que no dé vueltas, si tengo hambre me ofrece una mesa. Allí dentro me creo que no hay crisis. En verano, los días en que se derriten las calles, tú entras dentro y respiras al fresquito de sus pasillos y si te cansas mucho te sientas y ves la tele, que siempre hay alguna puesta.
Allí donde vayas, hay una bolsa con triángulitos verdes  que te lo recuerda. En cualquier sitio: en una manifestación, en una merienda, en la basura, en un restaurante, en tu casa, claro. Se ha mantenido inmutable a través de los tiempos y eso te da seguridad, te hace sentirte como en casa, te envuelve, te premia…, vamos, que quizás nunca será como una madre, pero un poquito más que los hijos, sí.

Sujetar al marido

Hacía tiempo que no oía esa expresión. Mil años, desde que nevaba en abundancia y se helaban los charquitos de la calle, pero quizás ha sido por eso, porque este invierno ha vuelto a nevar como dios manda y los niños han roto el hielo con sus botillas katiuscas, por lo que ha vuelto también la frase, la oí ayer: “y tuve que sujetar a mi marido porque no sé lo que hubiera hecho con él” (él es la víctima, claro)
Eran las mujeres de antes, alguna queda ahora, llevando con firmeza la correa del marido-perro que nunca se sabe como puede acabar si se le provoca, porque para eso él es tan hombre, tan fuerte, tan macho, tan perro…
Se están extinguiendo, ellas y ellos, claro, porque no se entiende uno sin la otra, la otra sin el uno, son como uno solo, es el misterio de la santa dualidad, es decir dos personas distintas y un solo ser verdadero.
Qué no vuelvan con las nieves, que se queden en sus cuevas.

Palabras

Un manojito de palabras para el palabrario
Con J y con L
Jarramantas: persona de poco fuste, poco considerado socialmente. Suponemos viene de desgarramantas.
Jurancho: sitio, espacio. Si alguien se quería sentar en un corro decía: “haced jurancho”.
Justillo: prenda que en nuestra infancia se les ponía a los bebés para abrigarles y sujetarles la tripita.
Legacina: garipotaina, dejabildo, pero con un matiz de mucho más desastre.