La lombarda

Pues sí, hemos pensado un cuento de Navidad, al que vamos a titular:
“El cuento de nunca acabar”
Yo tengo recuerdos remotos, muy remotos, porque cuando se han conocido bisabuelos, y yo conocí dos, los recuerdos se pierden en el fondo de lo más lejano.
Pues señor: era un veinticuatro de diciembre de 1900 ni se sabe, cuando yo apenas sabía andar, pero ya tenía muy desarrollado el sentido del olfato y percibí por primera vez el olor de aquello: era la lombarda, era en casa de mi bisabuelo, era el rito, todos alrededor de la lombarda, todos tapándose la nariz porque nadie aguantaba aquello, pero todos felices porque era Nochebuena y aquello era la tradición en mi tierra. Aquel legado maloliente pasó a casa de mi abuela, que fiel guardiana de la tradición nos fue atormentando año tras año, hasta que a la pobre la llamó Dios. Mi madre, que un poco iconoclasta era, pensé yo que nos iba a librar de aquello, pero no se atrevió, ella continuaba el rito temerosa de que romperlo no traería nada bueno. Y aquí estoy yo hoy, veinticuatro de diciembre, cociendo la lombarda que todos celebrarán, pero que a ninguno gusta. Es la vida, ¿quién se atreve a cortar lo preestablecido? ¿Habrá que hacer una revolución para desterrar la lombarda de la Nochebuena? Yo me apunto.
 

Hackers

Hay que aprenderse estos nombres. Resulta que mi “blogito”, al mismo tiempo que otras webs y demás ha sido atacado por unos hackers que lo han tenido fuera de comunicación más de una semana. Se me escapa, pero es fascinante. Sigo aquí, seguiré escribiendo mis menudencias, sobre todo pensando que en sitios tan lejanos como Emiratos Árabes, o Islandia hay gente que se detiene sesenta segundo y lo lee. Alucinante. Vamos adelante con la Navidad y si da tiempo podemos pensar un cuento.

Sinceridad

Se les ve venir. Por malos caminos, claro. Son aquellos ¿amigos? que blandiendo el argumento de que ellos son tan sinceros…, te machacan, te agreden, y están deseando decirte lo mal que te ven,  aunque bien es verdad que, a veces, dicen entre medias, quizás conscientes de su malicia, “pero en cambio tienes otra cosa buena”, que luego si analizas no suele ser tan buena. Esto es la sinceridad. Cuántas tropelías se cometen en su nombre y en cambio cuando la pedimos, cuando se necesita, no está nunca.
Y siempre te quedas con las ganas de decir: pero, vamos a ver, a ti quien te ha pedido que seas sincero.
Lo tengo dicho: contra sinceridad delicadeza.

Palabrotas

Quien no tiene respeto a las palabras no tiene respeto a nada. Desde que yo tengo recuerdos tengo aquella sensación de no querer pronunciar una palabra hasta no tener la plena seguridad de que era esa y no otra, y con aquellas letras exactas lo que yo quería decir. Yo esperaba a verla escrita para poder hacerla mía, de mi uso, y me aseguraba y me aseguraba, de que era ese el significado que yo le atribuía y no otro.
A menudo te encuentras en situaciones, y cada vez más,  con gente que escupe palabras. ¡Con lo fácil que es sustituirlas por aquellas que dominamos¡ Pero no debe ser así. Hay un convencimiento de que si hablo con palabras más “escogidas”,  yo soy más importante y así me encuentro con alguien que en una tienda pide a mi lado una chaqueta que le haga más esterilizada y además alardea de tener un anillo con una piedra tan grande como la cópula del Vaticano. Me pasó ayer.
   

Dar la talla

Difícil, es muy difícil dar la talla, porque existe aquello de las dos varas de medir, y siempre con la más larga medimos a los demás,  y no llegan, no llegan…
En tiempos en los que los mozos hacían la “mili” al entequillo que no daba la talla le perdonaban aquel año de servicio a la Patria, porque de todos es sabido que la patria quería hombres de buena talla.
Ahora en tiempos sin “mili” siguen muchos sin darla, pero de qué les sirve, ya la recompensa no existe y en cambio, no dar la talla en tiempos en los que la especie ha mejorado notablemente, no dar la talla es duro, muy duro…

Más palabritas

Esta vez con la G, vamos a añadir unas poquitas palabras más para nuestro palabrario:


Gachupear: comer un poco de una comida antes de   ponerla en la mesa, cosa que no era bien vista por tu madre.
Gambeto: abrigo indefinible.
Garipotaina: lío, mezcla de cosas.
Gurripache: persona bajita y gorda.
Gurruñío o gurrumío: persona poco vistosa, encogida,  delgaducha…