Cuerpos

Hay  momentos en tu vida en los que tu cuerpo empieza a enseñarte donde están realmente situados  sus componentes interiores, aquellos que has visto en dibujos, en radiografías, a los que te refieres como algo tuyo pero no mucho, algo lejano que sabes que tienes, algo que no afecta a tu vida diaria. Tú controlas tus piernas, tus ojos, la periferia, pero un día hay un punto justo al final del esternón que te dice que allí está tu estómago y que te avisa, como sabe, que es con dolor, de que allí pasa algo, otro día un dolor en la cara avisa de  que ahí habita un nervio que se llama trigémino y que te va a hacer la vida imposible, que tu cara no es sólo lo que te devuelve el espejito diario. Es lo que tiene el cuerpo, te da clases magistrales de  anatomía.

El Noveno

El noveno es septiembre. Del latín, september, por ser el séptimo mes en el antiguo calendario romano que comenzaba el año en marzo. Todo se centra en septiembre. Vuelve el orden. Volvemos a encontrar cada cosa donde estaba y eso da seguridad: ahí está tu trabajo, tus compañeros, el camarero que te pone el café como a ti te gusta nada más verte entrar por la puerta, tu vecina que ha vuelto del Caribe y sigue con sus mismos soniquetes. Se acabó la aventura del verano, las deshoras, la vista del mar que prometía mucho, pero que nunca cumple, las comidas desordenadas y diluidas en mucha cerveza. El noveno es dorado, es apacible, transparente, limpio, es como una madre que te acoge después de la resaca, que te pone en limpio, serena tus pensamientos y te deja dispuesto a seguir en la brega, a seguir en la lucha…, es septiembre.