Dos poemillas

I

Horas eternas, horas vacías,
se van pasando, se llevan vida.
Mar de tristeza, el agua bate
contra las rocas de la impotencia.
Recuerdos dulces, cuántas vivencias,
pero el presente los emborrona
con su presencia.
 II

Caminante absurdo
por caminos muertos
arrastras tu sombra
sobre algún desierto,
con andar cansino,
con dolor divino,
en penar tardío
de alguna promesa
de amarga y eterna
peregrinación.
 

 

 

Palabras que agonizan

Para ir completando el diccionario agonizante, unas cuantas palabras más que ya sólo siguen utilizando los viejos del lugar. Con la C
Caldoso: ser caldoso o dar calda.  Persona guerrera, temosa, cansina… (nada que ver con el caldo)
Callantruna: mujer que habla poco, pero guarda un cierto fondo de maldad para actuar.
Castaña: de ningún modo nos referimos al fruto, sino a la garrafa, de media o una arroba,  donde, habitualmente, teníamos el vino.
Castro: juego infantil, más de niñas que de niños, que en otras zonas llaman truque.
Censo: persona que vale para poco, y anda todo el día desocupada.
Ciscapela: regaño, alboroto.
Correlindes: aplicado a los niños pequeños que no paran un momento.
Chambra: camisilla de poca consistencia que se empleaba para dormir.
Chisclarse: comerse algo sin dejar nada para los demás.
  

 

Árboles

Vivimos tiempos donde los árboles realmente no nos dejan ver el bosque, pero lo bueno es que los árboles los estamos plantando nosotros.

Estamos sembrando de árboles todo lo que rodea la educación,  el maravilloso bosque de la Educación: orientadores miles que cada día nos desorientan más; decretos de convivencia que tienen que llevar a elaborar una carta de convivencia que, humildemente creo que debería ser como la constitución inglesa, nunca escrita y siempre presente y viva;  planes y planes de integración; formaciones de adorno; escritos y proyectos que no nos falten; miles de documentos de evaluación;  mamoneos varios; pero la formación del alumno, la formación con mayúsculas, integral, de profundidad, de maestro antiguo y a la vez actual, con todos los medios tecnológicos, esa, cada vez más floja, cada vez más escasa, con menos tiempo para el alumno,  y es precisamente de esa profunda educación que es el objetivo que estamos perdiendo de vista,  de la que nace  el respeto, el profundo respeto al otro, a lo desconocido que, cuando es alcanzado el CONOCIMIENTO precisamente deja de serlo. Vamos a formar a la gente, a educarla, a instruirla,  todos estos conceptos son necesarios, que de esa EDUCACIÓN surge espontáneamente el respeto por todo lo demás.

Diminutivo

Cuando alguien te llama por tu nombre en diminutivo desconfía de él, en un alto porcentaje quiere menospreciarte, hacer que te sientas menos, y si al decirlo pone “tonillo” ya es que abiertamente quiere ofenderte. Parece que su empleo casi siempre debería ir envuelto en el afecto, la cercanía, pero hay un uso del nombre en diminutivo que trasluce afán por querer hacer al otro pequeño hasta sus últimas consecuencias,  que  pone empeño en, sin insultar, hacerte sentir ínfimo, sin importancia. Hay gente maestra en esto y claro, como la forma es tan “cariñosa” nunca podrías quejarte, a ti se te acusaría de mal pensado, pero si observas y piensas podrás recordar a aquel profesor que lo hacía en la clase, tu amigo del alma que en el fondo de ella te quiere, pero no sabe cuanto, tu compañero de trabajo que comparte contigo todo menos el trabajo, y así habría lista sin final. Sólo sacaríamos de la lista a las abuelas, esas son un valor seguro. Siempre he envidiado el nombre de mi amiga Pilar, ahí les falla el diminutivo, aunque los hay perversos y seguro que echarían mano del Mary Pili.