Tú ya no estás en la onda si al despedirte no dices chao. Qué gran capacidad tenemos para apropiarnos de las palabras. La hemos tomado ¿de los italianos o de los argentinos? Es lo mismo, ahí está, es dinámica, exótica, juvenil, y cortita, que eso facilita la cuestión. Las palabras nos retratan, nos esconden, nos delatan, nos dan brillo y muchas sombras. Quienes tienen la capacidad de poderlas elegir, porque tienen muchas, triunfan, a los que les faltan se les desprecia un poco. Son, precisamente, a los que les sobran los que nos mandan. Si, además, las envolvemos en engañosas melodías o en entonaciones dulces son armas disuasorias y convincentes, si las ponemos fuerza, armas eficaces y si las envolvemos en maravillosa ironía, armas letales. Pues ya sabemos, de momento y, hasta que vengan otras modas, a decir chao, y por supuesto, a despedirnos con besitos.
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