Se va 2007
El año que se va casi siempre se lleva algo. Casi siempre te deja un algo de tristeza. Casi siempre el que viene será peor. Pero casi siempre queremos verlo, vivirlo y contar esto.
El año que se va casi siempre se lleva algo. Casi siempre te deja un algo de tristeza. Casi siempre el que viene será peor. Pero casi siempre queremos verlo, vivirlo y contar esto.
Desear felicidad a los que están cuando cumplen años es lo que hacemos. Recordar la felicidad que nos dejaron los que ya no están es lo que yo quiero hacer. Y hoy es un buen día. Diecinueve de diciembre. Setenta y seis años de vida. Cinco de vacío. Siempre con nosotros. Con sus palabras, con sus silencios, con sus renuncias. Es un día para recordar y sentir ausencia de madre.
Este era un gato pardo, de mal pelaje, triste, amarillento, con ojos sin vida. Mejor no preguntarse su origen, en el origen siempre hay un punto de cariño, de calorcito, de plato de comida. Él lo había perdido, la vida te obliga a moverte. Llegaba a la puerta de mi terraza y yo lo espantaba, me horrorizaba pensar que entraba en mi cocina y pasaba por encima de todo tan limpio. Igual que yo reaccionaban los demás dueños de cocinas limpias. Al lado, sí que había una niña, Sara, pequeña y guapa que le tendía su mano y le sonreía. Se miraban y se comprendían, pero esto no te hace sobrevivir. Ayer estaba abajo, en un rinconcito soleado, con el pelaje más tieso que nunca, yo pensé que dormía, pero su cuerpecillo triste y delgaducho no resistió el hambre y la helada. Se ha muerto, el vecino de abajo lo ha sacado en un saco a la basura. Ha dejado esa sensación que siempre te deja un muerto: “si yo hubiera…”
“Madre, prepáreme usted la merienda que me voy a correr mundo, porque he tirado un tintero al maestro y tiene la cabeza rota”
Así empezaba el cuento y el que hablaba era Juaneloso, el niño más malo de la escuela. Y mi abuelo seguía de esta manera:
“Y efectivamente, así lo hizo, le preparó una tortilla y un poco de pan y Juaneloso se lanzó al mundo huyendo del castigo. Anda que te andarás llegó a una casa en el campo que estaba abandonada, allí Juaneloso empezó a preparar un cocido en aquella lumbre, pues bien, los había más malos que Juaneloso y éste era un ser misterioso que bajando por la chimenea le tiraba el cocido a nuestro niño, pero lo peor de esto es que desde arriba le decía ¿bajo o no bajo? Y Juaneloso: no bajes hombre, pero por supuesto bajaba y mil veces se lo tiraba. No podía quedar esto así y ya sabemos que Juaneloso era valiente y sin escrúpulos. Así es que una de las veces que oyó la pregunta contestó: baja, baja y allí mismo dejó pegado, de un golpe, en el humero a este ser tan molesto y dañino. Con su piel se hizo un morral y comenzó sus andanzas que le terminaron haciendo rico. Volvió al pueblo y ya se sabe ¡quién se resiste! Todo le quedó perdonado y se convirtió en un hombre de bien. Y llegamos al colorín…